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Bolonia: entre el modernismo y el neoliberalismo

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Que los campus de las universidades españolas no viven en un permanente letargo lo atestiguan las protestas emprendidas últimamente por sus estudiantes contra el proceso de adaptación de éstas al Espacio Europeo de Educación Superior, denominado resumidamente como Proceso de Bolonia. Un despacho de agencia me trae esta mañana la noticia de que siete profesores de la Universitat de Valencia tuvieron que salir escoltados esta madrugada de las instalaciones de  la Facultad de Derecho al impedir su salida medio centenar de estudiantes. Agentes de la Policía Nacional acudieron sobre las dos de la madrugada a la Facultad de Derecho del Campus de los Naranjos tras recibir el aviso de que diversos docentes no podían salir a causa de la actitud de algunos de los alumnos que se encuentran acampados en el edificio para protestar contra la reforma universitaria planteada en el citado Proceso de Bolonia.

En un revelador artículo publicado a comienzos de este verano por el rector de la Universidad Carlos III de Madrid, Daniel Peña enumeraba los fundamentos del acuerdo suscrito en 1999 en la ciudad italiana que le da nombre: un conjunto de títulos universitarios homogéneos; enseñanza basada en ciclos (grado, máster y doctorado); y medición del aprendizaje (no sólo de contenidos) mediante un sistema común de créditos (sistema europeo de transferencia de créditos, ECTS) que tiene en cuenta el tiempo total dedicado por el estudiante a cada materia.

Por su parte, los detractores de ese acuerdo denuncian que el neoliberalismo amenaza seriamente a la enseñanza pública, poniendo la universidad a los pies de la iniciativa privada. Se teme que de las aulas de la educación superior salga una suerte de profesionales catalogados como mano de obra barata y precaria. En una palabra, para quienes se atrincheran contra Bolonia, su aplicación lastraría definitivamente los espacios de crítica y reflexión que aún quedan en nuestra sociedad.

Estos mismos son los que se muestran muy críticos con la invasión que la empresa privada ha llevado a cabo en los claustros; y, en especial, los que más dinero tienen: las entidades bancarias. Añaden que reduce la financiación pública y que el sistema de créditos, que califican de elitista, incrementaría las diferencias socio-económicas del alumnado. Se argumenta además que el grado serviría para alcanzar los conocimientos básicos para trabajar de forma precaria en el mercado, en tanto el postgrado requerirá mayor tiempo y dinero, con másters que pueden alcanzar, en ocasiones, hasta los 6.000 euros. Ahí es donde, subrayan, se marcan diferencias.

De vuelta al artículo del rector de la Universidad Carlos III, Daniel Peña señalaba que “Bolonia se relaciona con la privatización de la universidad y su sumisión a los intereses empresariales. Esta acusación es sorprendente, ya que la única referencia económica en los documentos oficiales del proceso de Bolonia es una recomendación a los gobiernos europeos para que financien adecuadamente a sus universidades. También, se aprovechan los nuevos créditos para anunciar una mercantilización de la enseñanza, distorsionando una de las mejoras importantes del nuevo sistema: contabilizar la dedicación total real del estudiante a cada materia en los créditos ECTS y establecer métodos de control para asegurar que se verifica lo planificado”.

Los 48 países adheridos al Proceso de Bolonia habrán de tener implantado el mismo en 2010. España, aunque ha ido dando pasos, aún no alcanza una adaptación idónea al futuro marco regulador. Entre tanto, los campus están que echan humo. Ya sea en Madrid, Barcelona, Valencia o cualquiera otra ciudad española.

 

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Un comentario sobre “Bolonia: entre el modernismo y el neoliberalismo

  1. Como docente, a mi el sistema que plantea Bolonia sí que me parece mucho mejor que el sistema universitario actual, Manuel. El problema es que se trata de un modelo ideal que no viene acompañado de la suficiente financiación. Vamos, nada nuevo…

    Otro problema añadido es que tal y como está concebido -no soy ningún experto en el tema que quede claro- con grupos más reducidos de alumnos, asignaturas de corte más práctico y sistemas de evaluación continua, se exige más trabajo por parte de alumnos y profesores, y también mejor formación de ambos. Y tampoco tengo tan claro que eso se pueda conseguir de la noche a la mañana.

    Así que bienvenida sea Bolonia si sirve para que las universidades españoles dejen de ser ‘guarderías para niños mayores’ como son, en muchos casos, ahora; y se reconvierten en verdaderos sitios de formación y aprendizaje con posibilidades de conseguir después -previo pago en esfuerzo- salidas laborales dignas.

    Un abrazo, Manuel.

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