Virolas

Promesas y lágrimas

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De la noche triunfal de Barack Obama, uno se queda con la imagen del rostro lloroso de Jesse Jackson y con el elegante discurso del perdedor, John McCain.

El reverendo, sobre quien no deben ocultarse sus diferencias mantenidas en el pasado con Obama, quiso ser candidato presidencial en dos ocasiones: en 1984 y 1988. En sendas oportunidades, Jackson no sólo pretendió ser el aspirante demócrata a la Casa Blanca, sino que incidió hasta la extenuación en que ansiaba ser el primer candidato negro. Ahora, la diferencia con el afroamericano Obama estriba en que el senador por Illinois apenas ha hecho uso en la campaña de su condición racial; hasta tal punto que muchos han visto en él un negro que habla como un blanco. Por eso, creo que las lágrimas de la otra noche en los ojos de Jesse Jackson evidenciaban más la constatación de que se ha hecho realidad un sueño colectivo, que se remonta a ejemplos como el de Martin Luther King, que por el triunfo en sí de Barack Obama.

La otra imagen impactante de esa jornada la constituyó el discurso que McCain dirigió a un puñado de incondicionales en Arizona y que la televisión se encargó de llevar hasta los hogares de millones de personas. Tras felicitar a Obama y mostrarle su admiración sin reproches, pidió a los republicanos que hicieran lo mismo; mientras, como candidato derrotado, invitaba a “superar las diferencias con el senador demócrata y cooperar con él para restaurar la prosperidad, defender la seguridad y proporcionar a nuestros hijos y nietos un mundo mejor del que hemos heredado”. Dicen que ése es el auténtico espíritu de McCain y no el que sus asesores nos quisieron vender en campaña.

Los retos que a partir de ahora se abrirán para el nuevo presidente son tremendos. La crisis económica, en la que todos estamos envueltos, quizá en primer lugar. Pero conviene no obviar otro no menos apremiante: que se comprometió a retirar las tropas de Irak (150.000 soldados) en menos de año y medio (16 meses dijo exactamente), eso sí, en función de lo que le digan sus asesores civiles y, sobre todo, militares. En este sentido, anoche mismo oí en el telediario a un diplomático estadounidense destinado en Bagdad lanzar el primer consejo al presidente electo: tenemos que cumplir una misión y no podemos salir en estampida, vino a declarar. Se admiten apuestas sobre si habrá o no retirada total de la zona en conflicto.

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