Virolas

Perversa adolescencia

 

 

 

 

Tres niños de entre 10 y 12 años han matado a palos a un canguro en un zoo. Ha ocurrido en Rusia. Los han detenido. Las autoridades, que les responsabilizan también de la muerte de tres gaviotas, cifran los daños en cien mil rublos. Se anuncia que se actuará penalmente contra ellos.

Aquí, en España, se ha juzgado estos días a otros tres jóvenes, pero no por la muerte de animal irracional alguno. Acabaron con la vida de una mujer indigente en un cajero automático de Barcelona. La rociaron con un líquido inflamable y le prendieron fuego. Dos de ellos se enfrentan a una pena de 28 años de prisión por asesinato y daños; el otro, menor de edad cuando sucedieron los hechos, ya aceptó una pena por la que cumple 8 años de internamiento y 5 de libertad vigilada. Una cámara de seguridad grabó cómo en la noche del 17 de diciembre de 2005 los tres muchachos vertieron un bidón de 25 litros de disolvente inflamable sobre Rosario Endrinal, una mujer que dormitaba allí desde hacía un par de días. Luego lanzaron una colilla encendida y se produjo la deflagración.

Por lo que se apreciaba en el vídeo, el aspecto de los chavales era de apariencia normal. Chicos de los que te puedes encontrar a puñados por las calles, cualquier día, sin sospechar que guarden un asesino potencial en su interior. Luego, cuando interrogados por las autoridades se quiso saber el motivo de su brutal y salvaje acción, apenas llegaron a reconocer que se les había ido la mano. Y de qué forma. El entonces menor, de 16 años, ha dicho estos días, durante el juicio, que cuando pasó aquello era muy joven y que iba muy borracho. Su fatal desatino, no obstante, provocó quemaduras en el 70% del cuerpo de la mujer, que murió en el hospital.

En los años de podredumbre, los niños de este país se entretenían apedreando perros o ahorcando gatos. Para algunos, aquello podía representar, incluso, un gesto de hombría. Cuando los tres chicos que se llegaron hasta el cajero hace casi tres años vieron a la indigente en su interior, dudo que su discernimiento les llevara a considerar que allí había un ser humano. Decidieron divertirse y sacarla del habitáculo porque olía mal, según han confesado. En la última sesión del juicio, celebrada ayer, pidieron perdón y misericordia a la Justicia. Que sea justo, aseguraron esperar del tribunal.

Sartre decía que lo más aburrido del mal es que uno llega a acostumbrarse a él. No sé el grado de consideración que con su víctima llegaron a alcanzar los adolescentes rusos cuando apaleaban al canguro, como tampoco la que tuvieran los del cajero con la suya. Pero las intuyo. Cuando en una sociedad, los hombres del futuro buscan su entretenimiento infligiendo el mal al prójimo, pésimamente andamos. Aunque ese prójimo sea un pacífico marsupial del alejado zoológico de Rostov del Don.

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