Virolas

Corazones sutiles

 

Vete de mí (Bola de Nieve) / Pancho Céspedes

Hace algunos años, la Universidad de Murcia invistió Doctor Honoris Causa al cardiólogo barcelonés Valentín Fuster. La víspera de esa designación, tuve el placer de charlar con él. Fue durante unas declaraciones que nos concedió a unos cuantos periodistas y que yo trasladé a las ondas de Radio Nacional de España. Recuerdo que, cuando nos recibió en el hotel, su afeitado no era excesivamente apurado, diría más bien irregular, circunstancia que yo achaqué a los efectos de un razonable jet lag. Ya en serio, Fuster nos vino a decir -lo recuerdo casi de memoria- que la sociedad actual andaba muy confundida, pues la calidad de vida no se medía tanto por las casas o los coches de lujo que uno poseyera, sino por la salud de que sus indivíduos gozaran. Aquello, que pudo sonar a declaración de Perogrullo, no lo es tanto pues venía de quien venía. Nos llegaba de un señor que en días laborables se levantaba a las 4 y media de la madrugada para ir al Hospital de Nueva York donde trabaja habitualmente. Es el Monte Sinaí, donde dirige el Instituto Cardiovascular. Los fines de semana, cogía su automóvil y visitaba pacientes de una a otra punta de la ciudad. A otros, los llamaba por teléfono inesperadamente para su sorpresa, al objeto de comprobar cómo les iba en su convalecencia.

Deduje consecuentemente que al doctor Fuster lo que de verdad en esta vida le importaba eran las personas, y con especial devoción los niños y los ancianos. Sobre los primeros, nos habló de sus deficientes hábitos alimenticios así como del cada vez más escaso ejercicio físico y se sorprendió al contrastar que, no hace tanto, los pequeños jugaban y saltaban en calles y parques, mientras ahora su probado sedentarismo se cimentaba en pasar horas y horas pegados a un ordenador o a un teléfono móvil.

Sobre los mayores, el doctor Fuster fue incluso más incisivo. Se refirió a que el sistema público asistencial, en pocas palabras la Seguridad Social, necesita cada vez mayor cantidad de mano de obra para subsistir. Y esa, explicó, puede llegar de la aportación de los propios jubilados, de aquellos que estén sanos. El cardiólogo puso un ejemplo que nos resultó hilarante: amante de la Medicina como sin duda es, si perdiera sus facultades como médico pero conservara las de conductor, confesó que no le importaría conducir una ambulancia. El humor, que es una lógica sutil como dijera el clásico.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s