Virolas

Sobre el ‘cortar y pegar’

 

Un atinado artículo publicado ayer por Ángel Valle en el diario La Razón me lleva a reflexionar. Su título, ya por sí sólo reclamaba mi atención: Generación ‘corta y pega’. Comenzaba aludiendo a un estudio según el cual nuestros jóvenes están perdiendo el hábito de la lectura (prensa, libros…) a favor de lo digital. Ello provoca, asegura, que éstos lean a saltos y superficialmente.  El articulista plantea una interrogante que, a buen seguro y ante el avance imperial de las nuevas tecnologías, muchos nos habremos formulado alguna vez: ¿qué pasará cuando no quede nadie nacido antes de la aparición de Internet, Google o el correo electrónico?

A los jóvenes les interesa más la imagen que el texto. Pero eso siempre fue así. Recuerdo cuando alguien, antes de atacar un libro, hacía la pregunta de rigor: ¿Pero tiene fotografías o dibujos? Lo visual siempre primó sobre lo textual. Antes y, por supuesto, ahora.

Cuando un estudiante se enfrentaba a un trabajo, buceaba en la biblioteca a través de la enciclopedia más completa. Hoy, ese paso se reduce a teclear en un buscador una palabra y ¡milagro!

La Red ha aportado innumerables ventajas –muchísimas, diría yo– pero también inconvenientes o contratiempos. Se acabó el trabajo de campo para nuestros estudiantes. ¡Y para los periodistas!

El fenómeno ‘cortar y pegar’ ha tomado al asalto las redacciones. Colige el artículo que me invita a esta reflexión, que tiempo atrás un informador componía, por ejemplo, una crónica o una pieza con varios teletipos de agencia que posteriormente condensaba. Ahora, desde la pantalla del ordenador, ese proceso se circunscribe en muchos casos al reiterado sistema: se corta y se pega.

Los gabinetes de prensa, algunos magníficos por su eficiencia y solvencia, se convierten en máquinas de propaganda. Por servirte ya no sólo te sirven los comunicados oficiales; también las fotografías para los periódicos, los audios para las emisoras de radio e, incluso, las imágenes para las televisiones. Y todo bien mascado.

Amamantados por Internet, concluye Ángel Valle, quien se vuelve a preguntar: Al fin y al cabo, ¿a quién le importa saber la verdad? Después de la verdad, no hay nada tan bello como la ficción, que escribió Machado. E imagino que a alguien le importará conocerla alguna vez, supongo yo.

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