Virolas

Hoy sí me puedo levantar

 

Cuando hace un par de años llegué una tarde-noche a Madrid por cuestiones de trabajo, en un teatro de la Gran Vía representaban el aclamado musical Hoy no me puedo levantar. Arrasaba en taquilla y lo cierto es que había una larga cola de gente para acceder al local. En esos días, pocos que recalaran por la capital de España se resistían a verlo. A lo mejor, si no hubiese existido tal aglomeración –de las que abomino–, yo también habría entrado, como uno más. No lo hice, y cambie aquéllo por una celebérrima mariscada regada con Ribeiro que, en homenaje a mí mismo, me otorgué en un establecimiento cercano al teatro. Tras cumplir con ella, me fui a dormir al hotel porque al día siguiente debía estar temprano en el Senado.

Confieso que ahora que la exitosa obra ha llegado a mi ciudad, sí que he ido a verla. Mis buenas amistades –que las conservo, incluso, de cuando no éramos nadie, como suele referir tan regia señora– me lo han permitido, ya que las entradas al Auditorio estaban agotadas desde meses atrás. La verdad es que para mí, Mecano nunca fue un grupo que me subyugara. Comprendo sus méritos, en aquella época tan tórrida de la post-Transición, pero ya digo: nunca fui ni me declaré mecanómano. Sin embargo, es el tiempo el que suele darte la medida de casi todas las cosas. Escuchando esas canciones de los 80, uno casi rejuvenece y diría que incluso reverdece. ¿Será verdad?

Por los datos que la organización ha hecho llegar a la prensa, me entero de que el espectáculo ha batido todas las marcas, con presencia de cuatro temporadas en la cartelera madrileña y unas 1.400 representaciones que habrán visto más de 1.200.000 espectadores. Con el trasfondo de la movida madrileña –recordemos al viejo profesor Tierno Galván, con su traje cruzado gris marengo, alentando al personal “a colocarse”– un grupo de jóvenes se llega hasta el Foro buscando la gloria. Musical, se entiende.

A Nacho Cano le llegó ésta en edad temprana pues compuso el tema que da nombre al espectáculo cuando contaba con tan sólo 17 primaveras. Quién le iba a decir que ése sería su primer bombazo y que con él abriría brecha con un estilo tan genuino en el pop español. Tras años de éxito, Mecano compareció ante sus fieles por última vez en el año de los grandes fastos que se celebraron en este país: el mítico 1992. Muchas veces se ha hablado de su regreso, algo que no ha ocurrido ni me temo que se llegue a producir. Como testimonio quedarán sus canciones y este musical que hace ahora las provincias, como se decía antes en el argot de las compañías teatrales.

Ayer, por la mañana, supe del grave accidente de tráfico de Ana Torroja. Por la noche, oía en mi butaca aquellos temas, con esa música y esa letra, y pasados los años y ante las pruebas a las que la vida nos somete a todos y cada uno, pensé que bien pudiéramos decir ahora sin jactancia alguna que, tras las sucesivas caídas y tropiezos, hoy sí que nos podemos levantar. Vaya que sí.

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