Virolas

De mochilas, libros y medicamentos

 

En el arranque del curso educativo, el buque-insignia de un emporio mediático sustentado sobre la base de la edición de libros de texto publicaba esta semana una información sobre lo que contradice que, en la era digital, los escolares soporten sobre sus espaldas mochilas con 15 kilos de peso. Paradojas al margen, habría que cuestionarse también el mercadeo que, en estos días, se llevan las librerías y papelerías con semejantes ventas. El otro día, sin ir más lejos, asistí a la cruda representación: un matrimonio abonó delante de mí casi 300 euros por los libros de sus dos hijas cuya edad conjunta, intuyo, no superaba la docena y media de años. ¿Por qué casi nunca los libros de un curso sirven para otro? ¿Qué dicen los gobiernos al respecto? ¿Y las asociaciones de padres y madres de alumnos, tan reivindicativas ellas?

En un país que presume de eufemismos como el de habitar en un Estado del Bienestar, que haya mercadeo con productos como los libros de texto, y lo que me parece aún más grave, con los medicamentos, es algo que raya lo delictivo. Ya sé que esto no es Cuba, pero que una farmacia sea un negocio hiperboyante para su titular es algo que, cuanto menos, debiera invitar al sonrojo. Se supone que las medicinas son para curar enfermedades y que nadie las adquiere por capricho. Y que los márgenes comerciales permitan que la palabra farmacéutico esté asociada a la de millonario no es algo que resulte especialmente de recibo ni de receta.

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