Virolas

La pizarra

 

 

Congratulations, de Cliff Richard, lo que sonaba en aquellos días …

Un libro, de cuya presentación hice mención aquí el otro día, contiene una fotografía que para mí quisiera. Durante un buen trecho de tiempo, una pizarra permaneció como último vestigio de lo que fue mi colegio de la infancia. El caso es que lo derribaron en el pueblo para construir en aquel inmenso solar una plaza y el nuevo ayuntamiento. De eso hace ya unas dos décadas, si la memoria me alcanza. Sin embargo, la pared en la que se incrustaba aquella pizarra sobre la que el maestro, Don José García, explicaba las lecciones al variopinto alumnado, sobrevivió al derribo hasta hace sólo unos meses. Yo, que pasaba muchas veces por allí, se lo decía a mi hijo: “Esa pizarra pertenecía a la primera clase a la que yo asistí, antes incluso de ser parvulito”. Nos conjuramos, incluso, en que compraríamos tizas un día y escribiríamos sobre ella. Él me ha reprochado alguna vez que, al final, no lo hiciéramos. Cuántos habrán escrito y luego borrado sobre ella. Recordaba entonces aquellas tardes cuando aquel maestro ejemplar, en la más amplia acepción de las palabras, extraía un molusco disecado del armario de madera del fondo e impartía su magisterio sobre la materia. A mí me embobaba.

Dos profesores, uno recién jubilado y la otra en activo, posaron días anteriores a su destrucción ante aquella pizarra que a mi mente me traía tan intensas vivencias del pasado remoto. La foto sale en el libro al que me refería al principio, conmemorativo de los 80 años del colegio. Me gustó mucho verla. Y más aún si en ella, modestia aparte, también pudiera haber estado yo, como testimonio de aquella escuela en la que un maestro era un sabio y un alumno, como yo mismo, tan sólo un aprendiz ante la vida.

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2 comentarios sobre “La pizarra

  1. Entrañable recuerdo…..
    En mi caso fue el curso de tercero, con su profesora Doña Bárbara, y el mapa de Alguazas y el de Murcia los que permanecieron durante todo el curso escolar en esa pizarra. Puede parecer una tonteria, pero me hubiera gustado conservar un trocito de ese muro. Cada vez que he pasado por ahí, y la he visto es como si el tiempo se hubiera detenido. Son esos pequeños instantes los que te hacen mirar al infinito y sonreir desde dentro, desde el corazón.

  2. Querido Manolo:
    Agradezco mucho tus elogios a la profesionalidad de mi difunto padre, que, además de Maestro Nacional, junto a D.Francisco Ayala Hurtado, llevaron a cabo un trabajo arqueológico importante.
    Con tada mi simpatía y cariño, recibe un fuerte abrazo.
    Pepito “el de D, José”

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