Diario

Diario de un prodigio (XXVII)

El sitio de mi recreo / Antonio Vega

 

Me gusta ver la lluvia desde detrás de los cristales, sin mojarme. Y si me he de mojar, prefiero hacerlo siempre que pueda con la ropa y el calzado apropiados.

Me gusta ver entrar los rayos de sol de forma sutil cuando me desperezo en la cama por las mañanas de asueto. Y por descubrir, he descubierto las siestas en las que no se sueña dormido.

Añoro el viento gélido que se filtraba por las ventanillas del coche en aquellos viajes nocturnos de la lejana niñez.

Me gustan los olores y sabores de aquel entonces. También pasar por lugares que no visitaba desde hace décadas. Varias, en algún caso. Como aquella vez en que nos bañamos en mar abierto, en esa playa escarpada que ya casi ni recordaba.

Ahora, cuando vuelvo a algún lugar de esos, miro hacia atrás sin ira y me pregunto a mí mismo: ¿Cuánto tiempo hace…? Y me contesto: Pero qué mayor voy siendo ya.

 

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* Obama: el asalto definitivo

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