Diario

Diario de un prodigio (XXVI)

 

Que no soy yo / Joan Baptista Humet

En estos tiempos en los que ese mal del siglo que se llama Alzheimer nos corroe, destrozando por igual vidas, vivencias y recuerdos, uno se alegra de que su octogenario progenitor conserve frescas las referencias que aún nos sirven para movernos por el mundo. Yo, que ahora podría encontrarme en la mitad de mi existencia si me fijara en él, carezco de mérito si un día escucho en la radio una canción que no oía desde hace mucho, mucho tiempo, y logro identificarla. Sí, es la misma que cantábamos a la guitarra en las escaleras de las oficinas del instituto, cuando todo lo contemplábamos en perspectiva y los árboles no nos permitían ver muy claro, al fondo, cuán frondoso era ese bosque. Eso ocurría a escasos doscientos metros del despacho que ocupo ahora, cuando no había nada edificado y la huerta todo lo inundaba en la práctica. Cuando al asomarnos sólo veíamos árboles y arbustos y era nulo el cemento y el ladrillo que hoy casi todo lo encastilla. Cuando con Paco y Miguel Ángel entonábamos las canciones de la Transición y desconocíamos por completo nuestros destinos. Cuando teníamos entonces poco más de 15 años y toda una vida por delante, mientras cursábamos el bachillerato en un instituto público. Cuando discurrían los vertiginosos años setenta,  y cuando los policías aún vestían de gris y los guardias civiles llevaban tricornio. Cuando las barbas eran sinónimo de progresía y los aires hippies en ellas todavía cobraban vigencia. Cuando nos asomábamos a la clase de Primero para ver a aquellas nuevas alumnas que tanto nos hacían palpitar y de las que luego nunca más supimos. Cuando algunos descubrían alborozados el tabaco, los cubatas y otras cosas misteriosas en aquellos guateques que se iban aletargando. Cuando la calle era un hervidero y había cientos de partidos políticos. Cuando se legalizó el PCE y ya casi nadie quería ser comunista. Cuando había un cine en la capital en el que sólo daban películas de esas. Cuando soñábamos con ser seres de provecho y nos enfrentábamos malencarados con las inescrutables matemáticas y la intrincada física y química.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s