Virolas

Ídolos compartidos

 

Uno de los fetiches de mi niñez era una vieja foto en blanco y negro que un hombre de mi pueblo me enseñó varias veces. La sacaba de su cartera con mimo y me la mostraba orgulloso. En ella se le veía con el que era mi ídolo de entonces, Iríbar, mítico portero del Athletic de Bilbao y de la selección española. Yo siempre quise tener una foto como la que poseía aquel aficionado rojiblanco y que guardaba con esmero como un tesoro.

Debía yo contar con no más de una decena de años cuando mi padre nos llevó, a mi hermano y a mí, a ver un partido del Murcia contra el Athletic en la vieja Condomina. Recuerdo que estábamos situados en un córner. En eso que los bilbaínos saltaron al césped para calentar e Iríbar se colocó bajo la portería más cercana a nuestra localidad. Entonces, como todavía no habían llegado las vallas a los campos de fútbol, mi padre nos instó a que saltáramos y saludáramos al espigado guardameta. Y lo hicimos. No habíamos avanzado ni 25 metros cuando un policía armada nos chistó y nos ordenó que diésemos media vuelta. Obedientes, acatamos la orden sin rechistar, si bien tremendamente decepcionados por no haber podido estrechar la mano del gigante guipuzcoano.

He vuelto a coincidir con Iríbar, ya retirado, dos o tres veces más en mi vida. En 1998, en el estadio José Rico Pérez de Alicante, tuve la oportunidad de darle un abrazo en el palco, al que amablemente me había invitado quien entrenaba al Hércules.

Anoche, mi hijo y yo esperábamos la llegada del equipo de Bilbao a Murcia, ya que esta noche juega contra los granas partido de liga, al que, lógicamente, asistiremos. Éramos más de 200 hinchas rojiblancos los que nos arremolinábamos en torno a la puerta del hotel. Llegó el autobús a los gritos de ¡Athletic, Athletic! Qué afición la nuestra, aun a pesar de que no hemos ganado nada desde 1985. Comenzaron a bajar los integrantes de la expedición y mi hijo, motivo fundamental por el que yo estaba allí, casi se vuelve loco. Caparrós, Gurpegui, Armando, Yeste, Etxeberría, Aduriz, Del Horno, Iraola, Amorebieta o Llorente. Con algunos de ellos se fotografió. A otros, les estrechó la mano alucinado. Pero la sorpresa de la noche fue cuando mi hijo, que aún no tiene 10 años, vio aparecer al viejo ídolo de mi niñez, al gran Iríbar, que institucionalmente viaja con el equipo. ¡Papá, Iríbar!, me dijo con gesto de asombro y sorpresa. Ambos lo saludamos. El ex portero estuvo muy amable y yo les hice en el vestíbulo del hotel con el teléfono móvil la foto de arriba, que ya sé que no es un dechado artístico, precisamente. Mientras realizaba la instantánea, un recuerdo fugaz pasó por mi cabeza. Aquella vieja foto en blanco y negro que aquel hombre que nos dejó hace tanto me enseñaba de pequeño. Él, con su bastón con el que se ayudaba para andar, junto al Chopo, mí ídolo infantil y, sorprendentemente, también el de mi hijo 35 años después.

 

*******************

 

*¡Cómo está el pan cubano!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s