Diario

Diario de un prodigio (XXIV)

 

Nada de nada. Cecilia

En torno a aquella mesa camilla en la que se arremolinaban unas cuantas mujeres en esas tardes grises fluían nuestras vidas. En aquel habitáculo pasamos buena parte de la infancia y quizá su calor y olor tan característicos marcaran esos días que recordamos ahora en el blanco y negro de entonces. Aquella reunión de modistillas contaba con el concurso de unos niños que por allí pululaban sin causar mucho alboroto. Al fondo, se amasaba y se cocía artesanalmente. La harina y la leña eran el combustible indispensable de esas madrugadas que concluían, a veces, casi llegado el mediodía cuando aquel pan tostado y caliente era depositado por ella en la bolsa de tela que yo portaba. Pasaron los años y nuestras vidas fueron cambiando, llegaron los nuevos tiempos y la gente se hacía mayor casi sin darnos cuenta. Nosotros también éramos más viejos de cuerpo y alma.

Al final de sus días, un estratégico mirador le servía para contemplar lo que bullía en la calle. Y hasta a veces me veía a mí, solo o acompañado. Al mismo que le cosió dorsales en mi primera zamarra futbolera. Al que seguía queriendo en la distancia de la locura del día a día que, a veces, tanto nos agobia. Desde su octogenaria vejez, desde su pretérito sufrimiento, desde su dignidad siempre intacta.

De todo aquello, ayer tarde apenas quedaba nada. Tan sólo su cara como de cera se asomaba del sudario que envolvía su castigado cuerpecito. No sé por qué quise verla, pero lo hice. Por eso desde entonces estoy recordando todo esto como si cada vez que ocurre una cosa así la vida se me desgajara. Esos años ya lejanos, tan felices, de veranos a las puertas sentados en mecedoras y sillas de anea, de olores y sabores, del recuerdo de quienes tanto nos quisieron y que se van marchando como por la vía del tren -de la foto de arriba que el otro día hice de la vieja estación de mi pueblo-, de mi nostalgia y de mi amargura, también a veces. De su carita de cera. Adiós. Hasta siempre.

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2 comentarios sobre “Diario de un prodigio (XXIV)

  1. hola manolo te agradezco mucho yo y en nombre de mi familia tus recuerdos hacia mi abuela en estos momentos cosas asi son muy importantes para nosotros. Un abrazo y un millon de gracias.

  2. Hola Manolo.

    Muchas gracias por estas palabras tan llenas de cariño y ternura hacia mi abuelita. En ellas, dejas constancia de lo gran persona que era, siempre atenta de que no le faltara nada a nadie. Seguro que si mi abuela ha tenido la posibilidad de leerla, le habrá gustado mucho.
    Muchisimas gracias en nombre de mi familia y en el mio.

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