Virolas

Ucronía republicana

A la reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder, se refiere el diccionario de la RAE a la hora de definir lo que es la ucronía. Y eso, más o menos, es lo que nos propondrán el próximo domingo a través de un reportaje televisivo que escruta lo que pudo haber sido y no fue. Esto es: que la Guerra Civil española la hubieran ganado los republicanos y no los que lo hicieron.

En 1962, el norteamericano Philip K. Dick publicó El hombre en el castillo, una ingeniosa novela según la cual los alemanes habrían ganado la Segunda Guerra Mundial y, lo que sería aún más inverosímil, se habrían repartido el territorio estadounidense con sus aliados japoneses. Dick, que fue premiado por su osada invención, entremezcló habilidosamente la ciencia ficción con la que podría denominarse historia alternativa. A lo largo de su trayectoria vital, este escritor reconoció haber experimentado con sustancias estupefacientes si bien siempre renegó sobre que éstas hubieran influido en su obra.

Es mucho aventurar, y quizá demasiado, que hoy, en pleno siglo XXI, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero fuese presidente en funciones del gobierno de una república presidida por el popular José María Aznar y en lógica cohabitación. Desde este jaez es como nos plantean el mencionado trabajo.

El basamento histórico de semejante ucronía nos lleva a una España republicana que, a finales de los años 30 y principio de los 40 del pasado siglo, contempla a sus puertas la eclosión de la Segunda Guerra Mundial. Los nazis invaden el suelo patrio y colocan a Franco como satélite, un gesto que se desbarata cuando los aliados resultan vencedores y llegan los dólares del Plan Marshall. Viajando al más allá, España habría sido firmante del Tratado de Roma, en el 56, lo que nos habría conducido de cabeza a ser cofundadores de la Unión Europea. Gibraltar nos habría sido devuelto por los ingleses ¡en el 2000! –de hecho, según esa suposición, hoy sería una comunidad como las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla– y la banda terrorista ETA no habría nacido porque, según los arteros guionistas, no tendría sentido su alumbramiento para luchar contra un régimen de libertades. La banda, argumentan, es fruto de una situación crispada, anormal en la política, producida por la dictadura franquista.

Por cierto; en un ejercicio escasamente ditirámbico se contará en ese documental que Franco se exilió al Paraguay de Alfredo Stroessner tras ser expulsado de Argentina, si bien murió en Nicaragua –imagino que en época aún de Tachito Somoza– donde permanecería enterrado. Hay que echarle imaginación u otra cosa, no me lo negarán ustedes.

 

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