Virolas

Harry cogió su fusil

 

Los informativos matutinos radiofónicos me acercan su voz, que un locutor traduce del inglés, mediante la que el soldado Harry explica que, aunque lleva una semana sin ducharse y con la misma camisa, no echa de menos la confortabilidad de Buckingham Palace. Los titulares de los periódicos del día dicen que este joven militar, de 23 años, combate en Afganistán a los talibanes. Y añaden que la prensa británica había practicado el off the récord, aun a sabiendas de que estaría allí durante cuatro meses, por motivos de seguridad evidentes. Ni siquiera algunos generales lo sabían, ni tampoco los amigos más cercanos al príncipe. En calidad de ojeador que identificaba objetivos, Harry dio luz verde la pasada Nochevieja a un bombardeo sobre posiciones talibanes. Ahora, al descubrirse su presencia en zona de guerra, todo se ha ido al traste. Se plantea la urgente repatriación del nieto de Isabel II. Corre serio peligro. Y dicen los altos mandos que su comportamiento hasta ahora había sido ejemplar, involucrado y corriendo los mismos riesgos que el resto de la tropa allí desplazada.

Alejandro Magno, que fue un gran guerrero, deseaba que sus ejércitos fuesen los árboles, las rocas y también los pájaros del cielo. Como siempre, cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren, sentenció juiciosamente Sartre.

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