Virolas

En las calderas de Pedro Botero

 

Aquel hombre que ahora se dice presa del linchamiento público no puede obviar que, a lo largo de muchos años, envió a otros a las calderas de Pedro Botero. Sin duda movido por una laxa legislación que le amparaba, aparte sus convicciones moral-religiosas, ese hombre vive ahora en su pellejo el escarnio que otros han padecido sólo por virar, voluntaria o involuntariamente, en su rumbo existencial. Quien creía que su condición le amparaba en la independencia y la inamovilidad para disponer de las vidas y haciendas del prójimo con arreglo a su antojo y sapiencia, dice sentirse hoy decepcionado. Sobre todo cuando en sus entendederas conceptuales no encaja que alguien pueda ejercer un derecho adoptivo por mucho que él no quiera verlo. Sí, él no es un mediático como otros. Eso es verdad. Y lo prueba que para hallar testimonio gráfico de su persona casi hubiera que recurrir a los felices días de su primera comunión.

Los griegos hablaban de la distimia como del humor perturbado. La más segura cura para la vanidad es la soledad, que escribió Tom Wolfe, en tanto que el infierno no es una metáfora sino un lugar lo dijo este Papa.

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*Ciberterrorismo y censura en la Red

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