Diario

Diario de un prodigio (XI)

 

Mientras escribo esto veo en la televisión al padre de la niña Mari Luz, desaparecida en Huelva el pasado 13 de enero. Juan José Cortés denota en su rostro el sufrimiento provocado por la sinrazón de que su pequeña se haya evaporado ante el desconcierto de los mayores, que debíamos protegerla. Está este hombre en directo contando, una vez más, su incuestionable tragedia y su calvario. Luego nos vuelven a ofrecer imágenes de la madre rota, que va como flotando por la calle, derrumbada y sostenida por familiares y amigas que le supongo. Nada se sabe a ciencia cierta de esta criatura, de tan sólo 5 años, a la que hemos visto a lo largo de estos días bailar y jalear en los vídeos caseros que de ella se nos han ido ofreciendo en programas e informativos.

Parece que últimamente desaparecen muchos niños en España. Y que hay psicosis por ello. Es tal la situación de alarma que el otro día unos rumanos se acercaron a una niña para preguntarle por una dirección y un grupo de hombres los persiguió y agredió creyendo que pretendían secuestrarla. Cómo está el patio. Ya no nos fiamos ni de nosotros mismos. Y menos de los que tienen la piel un poco más morena que la nuestra. Como si la tez fuera patente de bondad o maldad en nuestra sociedad, tan comprensiva y solidaria ella.

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