Virolas

Adiós al tomate

 

La denominada telebasura tiene hondo predicamento en nuestro país. De lo contrario, no se entendería cómo algunos de sus productos más excelsos mantienen éxito tan cuantificado en el share. Hay quien confía en que la telebasura resulte pasajera y que dentro de un tiempo sea un recuerdo camino del olvido como hoy lo puedan ser los seriales radiofónicos, tan lacrimógenos de antaño. Mucha gente confunde aún lo que se hace en esos programas con el ejercicio del periodismo. Y nada más lejos de la realidad.

Especialmente dañino para la profesión está resultando esa apuesta al límite de determinadas televisiones que tan sólo arriesgan pan para hoy pero hambre para mañana. No creo que los profesionales en ciernes que colman las Facultades de Comunicación estén por la labor de verse en semejante trance. Significadamente doloroso resulta ver a esos compañeros que, cámara y micrófono en mano, pululan por aeropuertos y estaciones, fiestas y saraos, calles y urbanizaciones, a la caza y captura de algún preclaro exponente del famoseo. Eso es prostitución encubierta de una profesión tan digna que no la envilecerán ni siquiera las directrices que a esos aviesos reporteros –que nunca serán sus culpables últimos– le puedan marcar el director, redactor jefe o chupatintas de turno.

Esta semana concluye uno de esos subproductos con que la televisión nos ha regalado en los últimos años. La dirección de su cadena ha optado por prescindir de él en la parrilla de programación porque había bajado dos, tres o cuatro puntos en el share. Ya no interesa, dirán sus ejecutivos. Los que se dieron en llamar programas del corazón, en referencia a las revistas que de esa parcela se ocupaban, se convirtieron más en espacios dedicados a triturar los higadillos de famosos, famosillos y famosetes, pagando en el camino justos por pecadores. Muchos han vivido de ello y a buen seguro que seguirían haciéndolo todavía un tiempo más. Pero por lo pronto, al menos, el que ha sido buque-insignia del supuesto subgénero informativo, fenece por inanición de audiencia. Que vaya con Dios y que con su pan se lo coman. Que aquí sigue habiendo tomate. Crudo o frito.

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