Diario

Diario de un prodigio (X)

 

Leo en la prensa digital que el sedentarismo acelera la vejez y no creo que para aseverar esto se precise elaborar un estudio tan concienzudo. No tengo mas que ver a mi padre lo que ha cambiado en cuestión de pocos años a consecuencia de no moverse demasiado. Pero él salta ya la barrera octogenaria y considero que todo llega por ley de vida.

Dice un muy británico trabajo que los sujetos inactivos son 10 años más viejos que los que hacen más ejercicio. Y será verdad. He conocido gentes a las que toda actividad física les resbalaba y murieron de viejos, con las botas puestas. Y fumando y bebiendo. No hay reglas fijas para vivir la vida de forma más o menos saludable, aunque a nadie se oculte que si nos cuidamos, mejor que mejor.

Un tío mío se hacía pesar los filetes de ternera antes de cocinarlos porque la doctora que lo revisaba habitualmente le metía el miedo en el cuerpo. No fumaba y no bebía. Nunca lo hizo. Un día se le complicó el mecanismo y se le fundieron las pilas. No era un niño, pero pienso ahora que quizá aquel hombre no disfrutó de algunos placeres existenciales, como pasarse un poquito en la mesa, fumarse de vez en cuando un buen habano o beberse con delectación una copa de oloroso coñac.

La vida son cuatro días, que dicen en la calle y en las barras de los bares. Aunque no confudamos la velocidad con el tocino. Hagamos caso a los médicos, por supuesto, pero que la obsesión por todo no nos amargue lo que nos quede por estar en este perro mundo.

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