Diario

Diario de un prodigio (III)

 

Esta mañana leo en la prensa digital que el senador Barack Obama se ha colocado a la cabeza en la carrera por hacerse con la candidatura demócrata a las elecciones presidenciales de noviembre de 2008 en EE UU, tras ganar la votación del caucus de Iowa, cuyos resultados se han conocido esta madrugada (hora española). “El cambio ha llegado esta noche a Ámerica”, dicen que ha manifestado Obama tras conocerse los resultados. El pasado 2 de enero publiqué este artículo en webSegura 2.0:

                            Obama, el líder que toca nuestras almas

Que los principales aspirantes demócratas a la Casa Blanca sean una mujer y un negro no aventura, a priori, un gran resultado para un partido que cuenta en su simbología con un asno, ya saben, el único animal del que dicen es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. A decir verdad, a mí me resulta más simpático Barack Obama que la señora Clinton, perdón, Hillary, porque muchas veces, el electorado se inclina más por supuesta empatía que por formadas convicciones programáticas. La Clinton nunca me cayó bien –y no sean malpensados, no por ser mujer– en tanto el senador afroamericano es un resuelto cruce entre Martin Luther King y Denzel Washington, dos estandartes de la comunidad negra con lo que, a la postre, su apuesta resulta muy atractiva de cara a la contienda electoral del 4 de noviembre.

Este jueves comienzan en Iowa las primarias. La prensa dice hoy que ambos aspirantes ya han alcanzado los 100 millones de dólares en donaciones. A Obama le ha declarado su adhesión inquebrantable la sacerdotisa de la televisión, Oprah Winfrey, quien asegura que el sueño que un día tuvo el mártir Luther King puede hacerse realidad votando al que puede ser el llamado a recoger aquella antorcha. El de Obama es el discurso del cambio, un carro ideológico al que se ha querido subir en los últimos días su contrincante, hasta 14 años mayor que él. Alguien ha dicho de este político con sólo 46 años de edad que es un negro que habla como un blanco, en un claro guiño electoral hacia los de la otra raza. Y quizá por eso algunos de la suya –incluso destacadas personalidades no terminen de creerse lo que predica este hombre nacido en Hawai, criado en Indonesia y formado en Chicago. Pero Obama no parece ser alguien que vaya por la vida avergonzándose de su raza, y no es alguien que tiene por tanto que pedir perdón por pertenecer al estatus racial más vilipendiado durante tantos años en las calles y plazas del país que ahora aspira a dirigir. Hace unas semanas, durante un acto pre-electoral, su mujer dijo de él una frase tan bonita como lapidaria, en un mundo donde tanto se valora lo material en detrimento de lo espiritual: “Necesitamos un líder que toque nuestras almas”, clamó Michelle ante un auditorio entregado en Carolina del Sur. Ojalá, al final, ese negro que habla como un blanco gane la partida. Será todo un síntoma para nuestra Humanidad, tan desnaturalizada. 

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