Virolas

Un mañana larraniano

 

Si la pluma tan costumbrista y satírica de Mariano José de Larra hubiera conocido el suplicio de tener que hablar telefónicamente en nuestros días con una máquina para que, varios minutos después, el bicho te desvíe a una voz humana, es probable que su Vuelva usted mañana tuviera referencia amplia en ese sentido.

Hay negocios para los que acceder a ellos es tan sumamente fácil que hasta un bebé sería capaz de darse de alta en cuestión de nada. Sin embargo, cuando llega la hora de que te resuelvan un problema y ya no digo de darte de baja, la cosa se trastoca en odisea.

Dos botones de muestra. Un muy allegado mío ha intentado que le solucione la compañía Ono un problema que tiene con Internet en su casa. Tras tres llamadas –desde una terminal le decían que debía repetir la llamada a otra– lo han potreado, chuleado y cabreado, por lo que ha optado por darse de baja no sólo en la red, sino también en la línea telefónica convencional. Así se hacen amigos, señores míos de Ono.

Si ésa es la cruz, la cara puede serlo una llamada telefónica que realicé a comienzos de la semana pasada para efectuar un pedido, nada menos que a Bilbao, y recibirlo en Murcia. La amable señora que me atendió, tras recopilar muy solícita cuantos datos precisaba, me dijo que en una semana lo tendría y, qué va, en tan sólo dos días el paquete ya estaba en mi domicilio. Y es que, quizá, como dice el refrán, no es lo mismo predicar que dar trigo. A la hora de vender, todo son facilidades. Pero cómo se te ocurra reclamar por defectuoso lo que compraste algún día, date por …

Y es que a lo mejor Larra, de haber padecido en sus carnes semejante choteo, no hubiera titulado su afamado artículo tal y como lo hizo. Monsieur Sans-délai, ese ilusorio extranjero que se llegó hasta aquí y lo hizo creyendo que todo funcionaba como en su país. “Da gracias a que llegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!”, que escribió en El Pobrecito Hablador. Era enero de 1833. Y mucho ha llovido. Pero es probable que, de sentirse tan impotente como le ocurre a alguno de mis contemporáneos, el encabezado del artículo significase algo así como Vaya usted a freír espárragos, señor mío o en tono similar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s