Virolas

No sólo un beso

Mussetta’s Waltz. Puccini


Sostiene J. M. Coetzee que en El Beso de Robert Doisneau no hay sólo pasión. Con ese beso, escribe en su Diario de un mal año, se anuncia el mismo amor. Elucubra el Nobel sobre la reconstrucción de la historia de la pareja protagonista. Deduce que son estudiantes, que han pasado la noche juntos, -quizá su primera noche, ahonda- y que se han despertado abrazados. Tienen que marchar a cumplir con sus obligaciones lectivas y en la acera, en medio de la muchedumbre matinal, de repente el corazón del chico se siente inundado de ternura. Coetzee cree que el de ella, por su parte, estaría dispuesto a entregarse a su otro yo hasta un millar de veces. No podría concluir el proceso más que como lo hace: se besan. París, ciudad del amor. Pero la situación no es exclusiva de esa gran ciudad. En cualquier otro lugar del mundo, por recóndito que nos parezca, la imagen se puede repetir. Hasta en un suburbio de Bombay, en el Soho londinense, a orillas del Amazonas o en las inmediaciones de una fábrica polaca… Amor, dice Coetzee, eso que el corazón ansía dolorosamente…

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