Virolas

McCombe, arte y ensayo

Que reste-t-il de nos amours?


Se llamaba Gwyned Filling, tenía 23 años y un rostro angelical. Una mañana, unos pocos años después de acabada la segunda gran guerra, se lanzó a las calles de Nueva York a la caza y captura de un trabajo. Algo tan normal, aparentemente. Y la cámara del fotógrafo se fijó en ella. Un rostro, un bello rostro entre la multitud de las grandes avenidas, entre manzanas, atestadas como estaban de personas con sus vidas y vivencias. Leonard McCombe la siguió para la ya prestigiosa Life. Con ella realizó un magistral ensayo fotográfico durante el cual la joven halló el tan ansiado empleo: ganaba 35 dólares semanales en una agencia publicitaria. De repente, Gwyned se convirtió en esa novia que nunca tuvimos, en esa hermana que no alcanzamos a tener tampoco o en aquella hija que otros muchos ambicionaron. Enamoró a toda una generación de norteamericanos, en una sociedad que se levantaba a empellones de los desastres de un conflicto tan brutal como aquel. Murió con 80 años de edad, en 2005, cuando ya no eran tantos los que recordaban su rostro tan limpio, tan dulce, tan imponente a la vez.

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