Virolas

En el primer día

 

 El primer día del proyecto más importante de mi vida

Esta mañana, cuando conducía a mi hijo a su primer día de colegio, intentaba recordar si mi padre me acompañó alguna vez al mío. Creo que nunca, al menos hasta donde me alcanza la memoria. Es igual. Por ello no le profesaré a mi progenitor menos cariño y reconocimiento del que le tengo.

Mi escuela primaria o colegio nacional distaba apenas cien metros de mi casa. Es normal que, a tan corta edad, fuera mi madre la que nos depositase a las puertas del mismo a mi hermano y a mí pues él se incorporaba a su trabajo a hora más temprana.

Este día de hoy, gris en la ciudad, cuando los poyuelos inician curso esperanzados en mil y una aventuras, me he retrotraído a mucho tiempo atrás, cuando las pizarras de incrustaban en las paredes, los profesores fumaban Ducados compulsivamente en clase y existía una forma expeditiva de imponer la autoridad que se llamaba palmeta. Sin embargo, visto lo que ha evolucionado la educación en todos estos años, no guardo rencor alguno a los que fueron mis maestros en aquella época, la de finales de los sesenta y comienzo de los setenta del pasado siglo. Siempre he creído que cimentaron la base de lo poco que atesoro en mi intelecto. Con ellos aprendí a ser un proyecto de persona. Y de casi todos ellos guardo un recuerdo de gratitud por las enseñanzas que me transmitieron cuando aún vestía pantalones cortos y huía, como alma que lleva el diablo, de los perros y la pólvora pirotécnica.

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