Virolas

Dos culpables que reincidieron 25 años después

 


Un día Barbra Streisand y Barry Gibb acometieron Guilty y fueron cómplices culpables por ello. Son dos artistas excepcionales a los que admiro desde tiempo atrás porque representaron los sueños que muchos albergamos desde la más tierna adolescencia. Ella siempre me cautivó, no sólo por su voz, sino también por su forma de actuar. La recuerdo en el papel de genuina psiquiatra de un excéntrico Nick Nolte que buscaba denodadamente su identidad perdida en El príncipe de las mareas. Barbra Streisand es el más vivo ejemplo de aquello que eufemísticamente se dice siempre del ser bello por dentro y no necesariamente también por fuera, aunque en este último extremo también goce de su indiscutible encanto. En Tal como éramos, con esa banda sonora que bien pudiera ser la de muchos de nosotros mismos, definitivamente ya nos había conquistado.

Barry Gibb fue durante mucho tiempo mi ídolo. Lo descubrí con aquellos falsetes que hacía con sus hermanos Maurice y Robin en Bee Gees para, después, conocer a un grupo que había hecho mucho y muy bueno en el abonado campo de la música pop. A ellos debo un reconocimiento por lo mucho que supusieron en esos años en los que no sabíamos muy bien a qué carta quedarnos. Al final, como casi siempre ocurre, la suerte no nos fue tan esquiva. Gracias por todo a los que a ello contribuyeron.

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