Virolas

Morirse de tristeza

 

Al hombre que con sus manos esculpió, entre otras muchas obras, este magnífico grupo escultórico, lo halló muerto ayer una patrulla de la Policía local en el estudio donde habitualmente trabajaba, en la pedanía murciana de Espinardo. Tenía 80 años. Nacido en Barcelona aunque criado en Murcia, desde hace un cuarto de siglo había optado por aislarse de eso que se da en llamar eufemísticamente “mundillo de la cultura”. Mejor para él, que digo yo.

En los últimos tiempos dicen que apenas veía, que perdió visión de forma progresiva y que ello le sumió en la más profunda de las depresiones: la tristeza de no vivir consigo mismo. No podía trabajar y ello le atenazaba vorazmente. Tanto que buscó entrada la noche una escopeta para volarse la tapa de los sesos. Y lo hizo. Así de crudo, por mucho que con determinadas crónicas periodísticas se intente despistar al lector poco avieso. Al escultor le pudo la tristeza, que le ganó en un pulso inexorable. Las procesiones de Semana Santa del sureste español están salpicadas de imágenes de este artista así como numerosos altares de sus templos.

Cuando a mediados de los años 70 también se murió uno de los símbolos de mi infancia, Radio Juventud de Murcia –en la que luego comenzaría mi andadura profesional– realizó una colecta para levantarle un monumento. Los murcianos lo pagaron y él lo esculpió. Es una modesta estatua que se halla en un parque aledaño al casco urbano. No es muy aparatosa. Más bien sencilla, pero inmensamente cálida. Las palomas se posan sobre ella en la quietud amansada de las tardes otoñales. El día de su inauguración hubo presencia de famosos y también de los imprescindibles políticos –los de entonces–. Los de ahora ya han elogiado con la urgencia que el caso requiere al artista desaparecido, y lo han hecho con adjetivos tan vacuos como inútiles. Que luego ya vendrán los homenajes y agasajos a posteriori.

Ah, se me olvidaba. El monumento se erigió en memoria de un payaso que se llamó Fofó. Su autor, el mismo que este jueves puso punto y final de forma tan trágica y descorazonadora a su procelosa vida, fue Antonio García Mengual. 

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2 comentarios sobre “Morirse de tristeza

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