Virolas

Desde un estanque con nenúfares

 

Durante 16 años de su longeva existencia se mantuvo Claude Monet (1840-1926) casi inmerso en la obsesión de pintar las ninfeas de su estanque de Giverny. Quien un día dijera, a modo de resuelta revelación, que su más bella obra maestra era su propio jardín, nos legó lienzos como el que a mediados del mes próximo se subastará en la galería londinense de Sotheby’s con un precio de salida que oscilará entre los 15 y los 22 millones y medio de euros. Se trata de una obra, adquirida en los años veinte a un hijo del propio pintor impresionista francés, que ha permanecido en poder de su propietario a lo largo de ochenta años.

En 1998, su Bassin aux nymphéas et sentier au bord de l’eau (1900) se vendió en tan prestigiosa galería por 19´8 millones de libras, unos 33 millones de dólares. Es, hasta la fecha, la cifra récord abonada por un cuadro del maestro de los estados transitorios de la luz natural. Nunca un estanque con nenúfares atravesado por un puente japonés colgante con sauces y matas de bambú dio tanto de sí. Al menos, que se sepa.

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