Virolas

Tres corazones por la calle Betis

 

Cadizfornia. Así se denomina lo último de Antonio Orozco. Barcelonés de residencia y sevillano de orígenes. Cuentan que el embrujo del barrio de Triana inoculó en sus venas el veneno de la música y que se movía entonces por los aledaños de mi recordada y pateada calle Betis, a la vera de las embarcaciones que por el Guadalquivir llevan y traen ilusiones de otros días.

Una vez que se olía a fiesta, ante un escenario improvisado y trianero, oí cantar a un chaval que empezaba a abrirse paso en el mundillo: se llamaba y llama David De María. Me gustó su estilo, no sólo cantando, sino comportándose; sus maneras en una palabra. Por allí andaba Farruquito, ya metido en pleitos por su voraz conducción, rodeado de los suyos que le protegían como si de un magnate se tratara.

Con Orozco me pasa como me ocurrió con otros: lo descubres por un tema y te zambulles en su obra. En este enero inusual, en Murcia inicia gira por 17 ciudades para presentar su disco de platino. Terminará en Cádiz –ahí es nada– cuando llegue el mes de la flores.

  “¿Podrías resumir en pocas palabras lo que esperas de este disco?”, se le espeta.

“Poder seguir pagando la hipoteca”, responde ufano.

 

 

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