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Descubriendo a una diosa judía

Hace años, cuando George W. Bush visitó Londres, ella cocinó para él y para Tony Blair, en el 10 de Downing Street. 

 

La diosa doméstica 

Por Irene Hernández Velasco

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Hablamos de la famosa chef británica Nigella Lawson (1960), más conocida por el sobrenombre de la diosa doméstica. Una mujer sensual, glotona, curvilínea y que, en tiempos de anorexia, pasea sin vergüenza su talla 42. Algo así como la versión femenina y anglosajona de Arguiñano, aunque sin perejil. Al igual que el cocinero español, la diosa doméstica saltó a la fama a través de un programa de recetas en la televisión británica, donde predicaba los placeres de la alimentación con voluptuosa entrega y generoso escote.

Nigella fue la que descubrió a los siempre puritanos británicos el lado más seductor de la cocina, el pecado del colesterol. «La comida es una droga», mantiene. Toda una revolución para un pueblo que hasta hace muy poco vivía bajo el yugo insoportable (e insípido) del repollo y los nabos. Pero, antes incluso de convertirse en heroína de la insurrección gastronómica, Nigella Lawson ya era conocida en Gran Bretaña. Su padre, Nigel Lawson, fue ministro de Economía conservador con Margaret Thatcher y, por aquel entonces, pasaba por ser la persona más poderosa de Reino Unido después por supuesto de la Dama de Hierro. Su madre se llamaba Vanesa Salmon, una bella heredera de un imperio de establecimientos de té. Nigella tuvo una infancia movida. Pasó por varios colegios sin pena ni gloria, aunque finalmente consiguió estudiar en Oxford. Fue entonces cuando sus padres anunciaron su divorcio y ella se hizo de izquierdas. Y buscó consuelo en la comida. No fue una mala elección.

En 1985, con 25 añitos, la joven Nigella comenzó su andadura profesional como crítica de restaurantes de la revista The Spectator. Un año después se convertía en subdirectora del suplemento literario del Sunday Times. Allí conoció al periodista John Diamond, con quien tres años después se casaba en Venecia. Fue Diamond quien la animó a sacar el máximo partido a su explosivo físico. Y, sobre todo, quien la empujó a escribir su primer libro de cocina, Cómo comer, publicado en 1998 y que le sirvió de plataforma para la serie de televisión que la catapultó a la fama: Siempre es verano con Nigella. Su segundo libro, Cómo ser una diosa doméstica, fue un enorme éxito de ventas. Sin embargo, Nigella no pudo saborear con deleite las mieles del éxito. El cáncer se llevaba en marzo de 2001 a John Diamond. Nigella se quedaba viuda y a cargo de los dos hijos de la pareja: Cosima y Bruno.

Quizás porque la vida la ha vapuleado en varias ocasiones, Nigella defiende la máxima de que hay que disfrutar mientras se pueda. Su lema vital, tanto en los fogones como fuera de ellos, es muy simple: «Conseguir el máximo placer con el mínimo esfuerzo». Por eso, la diosa doméstica no tardó en rehacer su vida sentimental junto a Charles Saatchi, de más de 60 años, el magnate de la publicidad y pope del arte.

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[El Mundo, 20 de noviembre de 2003]

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8 comentarios sobre “Descubriendo a una diosa judía

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