Virolas

La voz de uranio

“Quien no ama la vida, no la merece”. Leonardo Da Vinci

Se puede nacer en un pueblo de Jaén y cantar como los ángeles. Claro que sí. Se puede ser genio, y también figura, dentro y fuera de los escenarios. Por supuesto. Se puede uno acordar de aquellos que te ayudaron cuando empezabas el despegue. Faltaría más. Y se puede resucitar desde las entrañas de lo más oscuro para, como el Ave Fénix, vivir una segunda vida, llenando escenarios y convenciendo a algún escéptico, si es que quedaba alguien que no hubiera caído rendido ante la voz por antonomasia y la expresión rayana en la afectación, pero nunca en el fingimiento.

No sé si a este Raphael se le oye o se le escucha. No lo sé, la verdad, a estas alturas. Dos conciertos, en poco menos de una semana en tierras murcianas, dan la medida de que el de Linares se bebe la vida a borbotones. Lo suyo es un plus, y lo tiene que aprovechar hasta apurarlo como si de una copa de gran solera se tratara. La vida que nos lleva. Con ph.

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