Periodista Digital

Sida y preservativo: algo se mueve en la Iglesia

Lo ha dicho el cardenal emérito de Milán, Carlo María Martini, toda una autoridad en el seno de la Iglesia católica. No obstante, su nombre se ha barajado insistentemente en los dos últimos cónclaves para ser sucesor de Pedro. Cuentan que cuando a Monseñor Martini lo nombró arzobispo de Milán el entonces Papa Juan Pablo II, éste se compró un anillo en un puesto de baratijas y desde esa diócesis se convirtió en uno de los personajes más respetados de la Curia. Martini considera ahora que, en la lucha contra el sida, el uso del preservativo puede constituir, “en ciertas ocasiones, un mal menor”. Sorprenden sus palabras cuando la línea oficial de la Iglesia no ha ido por ahí habitualmente. “Hay que hacer de todo para combatir la enfermedad”, insiste el prelado.

Martini ha hablado sin cortapisas de temas polémicos; es el caso de las células madre, la fecundación asistida o las adopciones. Lo ha hecho en el semanario italiano L’Espresso. Su interlocutor ha sido el cirujano de prestigio internacional, Ignazio Marino.

Manifiesta el cardenal emérito milanés: “Sin duda, el uso del profiláctico puede constituir, en ciertas situaciones, un mal menor”, por ejemplo, en el caso de que “uno de los esposos padezca sida. Aquel está obligado a proteger al otro y éste debe poder protegerse”.

La fecundación asistida, los embriones congelados durante años sin que se decida su destino y la posibilidad de que una mujer sea fecundada con el semen de un tercero si con el de su pareja no se puede hacer son temas a los que ni uno ni otro rehuyen en su rico diálogo.

El purpurado se pronuncia desde la prudencia sobre la fecundación a través de donante, al igual que cuando se trata de decidir “sobre la suerte de embriones, de otra manera, destinados a morir y cuya implantación en el seno de una mujer, aunque sea soltera, parecería preferible a la pura y simple destrucción”.

Sobre los embriones congelados, que posiblemente nunca se utilicen y cuál debe ser su destino, agrega que “donde hay un conflicto de valores, me parecería éticamente más significativo inclinarse por la solución que permite a una vida expandirse, antes que dejarla morir. Aunque entiendo que no todos serán de esta opinión”.

Martini reflexiona además sobre la adopción de niños por solteros y señala que la familia compuesta por hombre y mujer es, en primer lugar, la que reúne las condiciones para criar a un pequeño.

Pero, a falta de un matrimonio, Martini considera que “al límite, también las personas solteras, podrían dar algunas garantías esenciales“.

Tras la lectura detenida de la conversación entre el cardenal y el médico, uno colige que algo puede estar moviéndose en el seno de la Iglesia para que algunas cosas cambien en torno a esa lacra de nuestros días que se llama Sida y a medidas para prevenirlo, como pueda ser la de la utilización del preservativo. Y es que, visto lo dicho por Martini, aún siendo cierto que se alineaba entre los prelados más progresistas, la cosa daría que pensar.

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