Weblog de Manuel Segura

LA VIROLA HERMENÉUTICA

Mes: mayo, 2009

47 velas

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Nadie como tú / Pancho Céspedes con Presuntos Implicados



Siempre quise saber cómo se levantaba uno con 47 años de edad a sus espaldas. Y hoy lo he comprobado en mis propias carnes. Anoche cenamos con los amigos y allegados en lo que ya se va convirtiendo en pluricelebración tradicional de cuantos géminis pueblan mi vida (y yo, uno entre ellos). A cuantos me preguntan que cómo me siento, les digo que igual que siempre. Aún no han llegado los achaques, al menos los más determinantes. Sobrevivo en mi existencia con una mala salud de hierro, sólo quebrada por algún escorzo que intento reparar como buenamente puedo. Eso en lo físico, ya que en lo otro, en lo espiritual digamos, creo llevarlo peor.

Cuando te vas haciendo mayor ya no esperas tantas sorpresas en tu cumpleaños, y por eso quizá la ropa sea el regalo más socorrido de cuantos te quieren a tu alrededor. Camisas, polos, pijamas… Eso y perfumes, after saves y otras cremas. Para que todo siga como hasta ahora y la arruga que ha de habitar entre nosotros no sea tan bella.

Si el tiempo acompaña, tomaré el sol. En su justa medida, claro. Y a lo mejor hasta me tomaré un vermouth. Con aceitunas y todo. Qué diablos. Y escucharé algunas canciones de letra quebrada del inigualable Bola de Nieve. Y os daré las gracias sentidas por vuestras sinceras felicitaciones.

Chico de barrio

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La Vega / Isaac Albéniz



Los bailarines son atletas con arte, vino a decir anoche el prestigioso traumatólogo Pedro Guillén, tras recoger en el Auditorio de Murcia el premio Los mejores del diario La Verdad. A buena fe que ello debe ser así, máxime cuando sobre el escenario estábamos contemplando la actuación de José Carlos Martínez, bailarín estrella de la compañía de la Ópera Nacional de París. En 1988, con tan sólo 19 años, este cartagenero nacido en 1969, se enroló en su cuerpo de ballet. Ayer, tras ser distinguido también en la gala celebrada por el rotativo murciano, recordaba emocionado sus orígenes, sus primeros escarceos con el baile, sus montajes travoltinos y a su primera profesora, Pilar Molina. Antes nos habían pasado un vídeo suyo en el que ensayaba, actuaba y paseaba a la orilla del Sena y junto al Arco del Triunfo, ante el que, ya entrada la noche parisina, esbozaba alguno de sus pasos. Junto a Agnès Letestu, compañera en el Palais Garnier, ejecutaron un homenaje a Albéniz en el centenario de su muerte, y también a Manuel de Falla, acompañados al piano por Rosa Torres-Pardo.

Deduje que el hoy también coreógrafo José Carlos Martínez, aquel chico del barrio cartagenero de Peral que ya roza la cuarentena, mantiene los pies bien asentados en la tierra, aunque vuele como un pájaro sobre los escenarios del mundo. Y que es muy consciente de sus orígenes y que de ello se vanagloria sin jactancia. Y que aunque los franceses lo hayan adoptado, como nos confesó, él les recuerda habitualmente dónde dio sus primeros pasos, tanto vitales como profesionales, y quiénes permanecieron entonces a su lado.

Almodóvar frente a algunos críticos

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Me da el pálpito de que Pedro Almodóvar no acepta de muy buen grado las críticas a sus películas. Me refiero, por lógica, a las críticas que resulten negativas para su cine. En su blog, el director manchego acaba de cargar contra los periodistas de El País –antes en El Mundo–, el tándem Boyero & Hermoso, por permitirse ambos disentir de la adoración y frenesí atontecedor de todo cuanto salga de la factoría almodovariana de El Deseo.

Si uno no supiera de Carlos Boyero es uno de los críticos cinematográficos más reputados de este país y que sus columnas con seguidas con fruición por cuantos amamos el buen cine, podría cuestionarse que nos encontráramos ante una especie de cruzada contra el director de cine español con mayor proyección internacional en estos momentos. De periodismo basura es calificado lo suyo por el cineasta criticado.

Sobre Borja Hermoso, al que Almodóvar se permite la licencia de tildar de macarra, su trayectoria profesional queda para los anales de la prensa especializada. A éste lo pone a caer de un burro, aun reconociendo que lo ha leído lo imprescindible. Hace falta valor. Habla de acoso y derribo desde hace 30 años –caso de Boyero– y quizá por eso llamó por teléfono al director del periódico en el que escriben sus detractores, imagino que para pedirle árnica. Por contraste, Almodóvar expone las críticas del Festival de Cannes recogidas en El Mundo y ABC, que parece que sí le gustaron, y evoca al desaparecido Ángel Fernández Santos, recordado y añorado, dice Pedro, con el que no hay color, antecesor de los dos insurrectos. En su amplio artículo del blog, Almodóvar refiere episodios ocurridos en el año 2004 con su La mala educación, y contrapone lo expresado entonces por los unos y por el otro, al que consideraba imprescindible. A ello añade una suerte de críticas de adhesión inquebrantable de algunos medios franceses o norteamericanos.

Almodóvar se cuestiona al final del texto si el diario El País no tiene a nadie mejor que mandar a Cannes para cubrir su afamado festival, el más importante del mundo, dice. Es la crónica más desagradable que reconoce haber escrito en su vida sobre unos hechos que, añade premonitoriamente, ya había previsto que iban a ocurrir así. Lo hace alguien que asevera sentirse más valorado en Francia que en España, un país este último del que dijo una vez que se exiliaría ya que su gobierno democrático estuvo a punto de dar un golpe de Estado en 2004, un dato fácilmente contrastable.

Diario de un prodigio (LVI)

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American Pie / Don McLean



En aquel remoto 1973, cuando yo cumplí 11 años, las últimas unidades de combate estadounidenses abandonaban Vietnam del Sur, mientras en Nueva York se abría al público el complejo del World Trade Center. Ese año acuñamos un término que perdura aún en nuestros días: el del síndrome de Estocolmo, a raíz de un robo perpetrado en un banco en la capital sueca. En Chile, un cruento golpe militar liderado por el general Pinochet derrocaba al presidente Allende. Y no muy lejos de allí, en la vecina Argentina, Perón volvía a su país tras un exilio de 18 años y asumía la presidencia. A finales de ese año, ETA asesinaba en España al almirante Carrero Blanco haciendo volar su automóvil en pleno centro de Madrid, al tiempo que la OPEP duplicaba los precios del petróleo por la crisis de esas fechas.

Refiero esto rebuscando en la historia, tras preguntarme ayer mi hijo, que cumplía precisamente 11 años, qué pasaba en el mundo cuando yo lo hice. Me dio la idea de indagar en la memoria, siempre con la inestimable ayuda de los archivos cibernéticos, y ejercitarme sobre si yo me enteraba de lo que acontecía entonces a mi alrededor. Y la verdad es que algo recuerdo, ciertamente; otras cosas me resultan un tanto difusas y lo demás, con toda sinceridad, lo ignoraba. Como imagino que le ocurrirá un poco a él si dentro de tres décadas alguien le preguntará por episodios tan rabiosamente actuales como los de los trajes de Camps, el Falcon de Zapatero o los misiles coreanos.

En el paso de Biutz

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Entre Ceuta y Marruecos se adivina el angosto paso de la foto superior, con escaleras de apenas diez metros, donde el tránsito humano se asemeja sobremanera al de las bestias adocenadas hacia el corral. La televisión nos ofrece estos días en toda su extensión lo crudo del trabajo de las porteadoras, mujeres marroquíes cargadas como mulas que por 1 o 5 euros el viaje, de 8 de la mañana a 1 de la tarde, de lunes a jueves, transportan desde la ciudad autónoma al interior del territorio del reino alauí cuanto sea menester.

Dicen que lo acaecido esta semana se venía anunciando. Asistimos, pues y una vez más, a la crónica de dos muertes anunciadas, las de dos mujeres fallecidas por la avalancha de un par de centenares de personas en un auténtico embudo que situamos en las inmediaciones del paso de Biutz. Tenían 53 y 32 años de edad y eran vecinas de Tetuán y Binisiat.

Los policías españoles poco o nada pueden hacer ante tamaña multitud. Ese impresionante  ir y venir de mujeres con bultos procede de los polígonos ceutíes de Alborán y la Chimenea, en el Tarajal, y la mercancía que allí se mueve supone un montante que no es cifra baladí: aseguran al otro lado de la frontera española que transitan paquetes por valor de hasta 700 millones de euros anuales, que pasan de un lado a otro en las maltrechas espaldas de estas gentes tan esforzadas como sacrificadas para alcanzar a ganar, en un carrusel asfixiante y en el intervalo de cinco horas, un dinero que les permita sobrevivir entre la desdicha y la desventura.

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