Weblog de Manuel Segura

LA VIROLA HERMENÉUTICA

Mes: abril, 2009

Blume, el mejor Cristo

Cuando en aquella España, que aún se sobreponía al drama fratricida de la Guerra Civil, las celebridades deportivas respondían a contadas y señaladas excepciones individuales, la carrera de uno de sus más preclaros exponentes se vio truncada en la sierra de Cuenca. Precisamente ayer se cumplió medio siglo del desastre aéreo en el que el gimnasta Joaquín Blume perdió la vida, cuando apenas contaba con 25 años de edad. Ese fatídico 29 de abril de 1959, un avión DC-3 de Iberia se estrellaba en la zona pereciendo sus ocupantes, entre ellos, varios atletas así como la esposa de Blume. Viajaban de Barcelona a Canarias para competir.

Pocos cuestionan que si España hubiera ido en 1956 a los Juegos de Melbourne, cosa que no hizo en protesta por la invasión soviética de Hungría, Blume hubiera sido medallista y quién sabe si de oro. Cuentan que su cabreo fue monumental y que pensó incluso en nacionalizarse alemán (su padre lo era) para no perder el tren de esa Olimpiada. Y que sólo la diplomacia del entonces Delegado de Educación Física y Deportes en Cataluña, Juan Antonio Samaranch, lo impidió. En 1957, en los campeonatos europeos de París, a los que pertenece el NO-DO que ilustra este texto, Blume triunfó en el general individual. Paralelas, caballo, barra fija y anillas no se le resistieron. En especial estas últimas, donde inmortalizó su cruz de Cristo como sólo él sabía ejecutarla.

Tras su desaparición, España, gimnásticamente hablando, no aportó nada al concierto internacional. Hubieron de pasar décadas para que los Jesús Carballo, Rafael Martínez o Gervasio Deferr irrumpieran en el escenario y tomaran el relevo de aquel chico, hijo de un profesor alemán de gimnasia, que una vez deslumbró al mundo con destreza incomparable.

Un hombre bajo la lluvia

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Los humanos, como animales de costumbres que somos, nos solemos agarrar a las cifras redondas para conmemorar nuestras cosas. Nos gustan con locura a la hora de hacer balances. Celebramos pomposamente los 10, 20 o 30 años de algo, aunque también los 25, 50 y ya no digo los 100. Cien días, precisamente, es lo que cumple hoy el líder único de la civilización actual, según nos ha dejado dicho la crisis que nos acecha. A lo que parece, no hay más mandatario que él, y sobre él y sobre sus espaldas descansa la esperanza de más de medio mundo que le recibió –y aún le mantiene– como el profeta que bajó de la montaña.

Barack Obama cumple hoy 100 días en la Casa Blanca y, en contraste con su antecesor, es obsequiado con el incienso de quienes quieren ver en él al que nos sacará de ésta. Los comienzos, un tanto desalentadores para los más extremos, pudieron transmitir cierta decepción, sobre todo cuando el flamante presidente de los Estados Unidos conformó un equipo en el que tenían cabida gentes que provenían del área republicana. Con todo, los medios le dan hoy un sobresaliente en popularidad entre sus conciudadanos al cumplirse los míticos 100 días. Así las cosas, dos pilares básicos de su mandato, el presupuesto y la reforma sanitaria, se asegura que están a tiro de ver la luz verde en el Congreso. Para colmo, un viejo senador republicano acaba de anunciar que cambia de bancada, con lo que apuntala al partido de Obama en esa otra cámara para sacar adelante sus proyectos. No sé si alguien allí se atreverá a llamarlo tránsfuga, como se hace aquí en España con este tipo de actuaciones.

Y mientras, Bush en su rancho tejano esperando que se deshoje la margarita sobre las investigaciones por torturas en Guatánamo. A nadie se escapa que a Obama no le gustaría que se removiese demasiado ese fango. Quizá por eso sólo espera ahora que no le amarguen el cumpleaños organizaciones como Amnistía Internacional, que ya le ha condenado, tal como si cayera un chaparrón sobre su cabeza.

El ‘peligro’ de Rafael Correa

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Mientras le esperaba en un salón del hotel donde le entrevisté hace año y medio, intuí que llegaría rodeado de una cohorte de fieles vasallos arribados de su Ecuador natal. Craso error el mío. Cuando Rafael Correa Delgado irrumpió en aquella estancia, sin duda su embajada la conformaban menos efectivos de los que arrastra habitualmente algún presidente de alguna comunidad autónoma española.

Leo en la web del gobierno de la República de Ecuador mientras escribo, que Correa supera el 51% de los votos, una vez escrutado el 77% de los mismos, los depositados para elegir al presidente de aquel país.

Cuando charlamos en octubre de 2007 me desveló algunas claves del futuro de su nación: me habló entonces de dignidad, de la vuelta de los inmigrantes y también de las posibles nacionalizaciones de los principales activos económicos ecuatorianos, fundamentados básicamente en el petróleo. Hoy reconoce que si los 50.000 compatriotas suyos que hay en España regresaran de golpe “no los podríamos atender”. Y es que la crisis también se ha cebado con tan esquilmada tierra. Con todo, Correa reconoce que empresas españolas como Repsol y Telefónica sí están cumplido allí, realizando inversiones que califica de sólidas.

Cuentan de él que es un ferviente católico en un país donde los pobres son legión. Y que en su despacho oficial se ubican dos retratos en lugar destacado: el del Papa Ratzinger y el de su amigo Hugo Chávez. Sobre ciertas amistades peligrosas y sobre si pone con ello una vela a Dios y otra al diablo, cuando lo relacionan con este último, salta y espeta: “¿Qué pasa? ¿Cuál es el problema? No es Zapatero amigo de Berlusconi. ¡Qué vergüenza!”.

Se atreve a aventurar que con Obama cambiarán las relaciones de los Estados Unidos con América Latina. Y alaba el liderazgo de Brasil en la zona, desde el respeto que para con los demás destila Lula da Silva.

Visto en la distancia, aquella temprana mañana de octubre, cuando lo entrevisté, Correa no me pareció un individuo peligroso al que marcar de cerca, como pudiera ser su histriónico colega venezolano, pongo por caso. Alguien, se me antoja y haciendo un juego de palabras con su primer apellido, a quien atar corto por si las moscas.

El que a ella le hubiera gustado

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Cuando en la vida alguien no se dedica a mercadear con su intimidad y pasa por la misma con la luz que irradiaba Mari Trini, es lógico y normal que, al despedirla, los tantas veces denostados medios informativos tengan para ella un respeto y una consideración dignos de elogio. Es por ello por lo que su familia ha querido hacer público ese reconocimiento sobre el tratamiento dado a su triste y prematura desaparición. Ni más ni menos, se reconoce que “exactamente el que a ella le hubiera gustado”.

Ayer contemplé con cierta nostalgia un anuncio televisivo en el que daban cuenta de la salida de un recopilatorio con sus canciones más conocidas. Como otros elegidos, como Nino Bravo, Cecilia, Rocío Dúrcal, Antonio Flores… ella sonará por siempre en el tiempo y en la distancia. Como sólo la gente que transita por la vida con no más bagaje que su honestidad y su coherencia lo puede hacer.

 

 

CARTA DE AGRADECIMIENTO DE LA FAMILIA DE MARI TRINI

 

Murcia, 27 de abril de 2009

 

 

Att. Director/a 

 

 

               Me dirijo a usted para expresarle mi más grato agradecimiento por el tratamiento informativo que en estos días pasados han dado desde su medio de comunicación de la triste noticia del fallecimiento de mi hermana, María de la Trinidad Pérez-Miravete Mille (Mari Trini) sucedido el pasado 7 de Abril.

 

               El respeto, la mesura y el cariño con los que en todo momento se han referido a la artista y a la persona, desde su medio de comunicación, se ha correspondido con el comportamiento discreto que Mari Trini ha mantenido a lo largo de su carrera artística, el mismo con el que se ha conducido en su vida privada.

 

               No cabe la menor duda de que el reflejo ponderado y cortés que su desaparición ha tenido, tanto en los medios escritos como en los audiovisuales, ha sido exactamente el que a ella le hubiera gustado.

 

               Junto al agradecimiento de mi familia y mío, por esa actitud respetuosa con la que han despedido a mi hermana, quiero también comunicarles que el próximo jueves 30 de Abril, a las 20,30 horas, se va ha celebrar una misa en su recuerdo, en la Catedral de Murcia. Les pediría que, si lo consideran conveniente, difundan esta información para todas aquellas personas que deseen unirse a nosotros para recordar a esta gran artista y mejor persona que ha sido mi hermana Mari Trini.

 

                Un cordial saludo,

                                                                                                                

                                   Gonzalo Pérez-Miravete

Tan indigno para ese club

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En diciembre de 1964, un jugador del Real Zaragoza, el defensa Joaquín Cortizo, realizó una escalofriante entrada al atlético Enrique Collar que le partió la tibia y el peroné. Años después, leí que Cortizo declaraba que ni tocó al delantero rojiblanco madrileño. El árbitro no lo expulsó durante el partido, pero su gesta le costó 24 partidos de sanción, la mayor impuesta en la longeva historia del fútbol español. Dijo el futbolista de origen gallego que aquello fue una cacicada del comité de competición de entonces, que truncó por completo su vida deportiva.

Cuando escribo, aún desconozco la sanción que hoy le impondrán al defensa madridista Pepe tras su bochornoso espectáculo del martes ante el Getafe. Patear así a un rival, fruto de la impotencia y la desesperación, es tan vergonzoso como humillante para quien se precie de llamarse deportista. Por eso entiendo las palabras del agredido Casquero cuando rechazaba las excusas y la petición de perdón del portugués.

Que el fútbol genera tensión no hay más que verlo en la cancha de cualquier equipo, ya sea de juveniles e infantiles incluso. Pero que un jugador de elite, de todo un Real Madrid, pierda los papeles, se le vaya la olla o se sienta enajenado por momentos, es algo que merecería algo más que los 6 partidos de sanción con que se especula que castigarán a tan violento e iracundo defensa del equipo blanco. Hay una estrofa del himno del Real Madrid, que yo aprendí de pequeño aun no siendo seguidor de ese club, que dice: “Cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano…”. A lo que se ve, Pepe no conocía el himno ni, por supuesto, comparte el espíritu de su letra.

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