Weblog de Manuel Segura

LA VIROLA HERMENÉUTICA

Mes: febrero, 2009

Diario de un prodigio (L)

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El otro día me llegué hasta la flamante oficina de Correos que acaban de abrir en el pueblo, presto a recoger un certificado. El mismo contenía el correspondiente al nacimiento de mi hijo pequeño, que es logroñés de origen. Contrastaba aquel recién estrenado local con el que yo recordaba de mi lejana infancia, cuando los carteros aún llevaban gorra y creo que, incluso, gastaban bicicleta. Aquel, ahora que me acuerdo, era un correos de azulete; hoy, lo que predomina es el amarillo. Aquella cartería, como entonces se la llamaba, quedaba en el lateral del viejo ayuntamiento, no sé si lindando con el calabozo. Era un local pequeño, con una ventana tras la cual te atendía el oficial. Yo me asombraba cuando, al ir a por algo, éste se daba la vuelta y buscaba afanoso pero directo en unos estantes para, casi de forma milagrosa, dar con mi reclamo. El buzón azul de chapa empotrado en la pared engullía goloso la correspondencia y hubo días en los que rebosaba de cartas. Una vez, y será verdad, era tal el volumen de las introducidas que sobresalían, y algún chaval de jactó de truncar un esperanzado envío con inusitado destino. El olor a humedad que rezumaban aquellas paredes de encalado deficiente contrastaba con el que percibí el otro día en mi fugaz visita al nuevo local. No sabría descifrar su origen. Será procedente de la madera de las puertas y los muebles, pensé. El funcionario, que me atendió solícito, quizá fuera de mi edad, atacaba incipiente calvicie y se adornaba con mostacho. Nada que ver con el cartero que yo recordaba de mi niñez y menos, me creo, con el que llevaba cartas a Neruda.

En fin, que no sé yo qué tendrá más futuro en la avanzada sociedad que nos soporta, tan tecnológica como electrónica ella: si la continuidad en el tiempo de los envíos postales o la supervivencia de la prensa de papel. Pienso, y para esto sí que soy un tanto romántico, que en unos cuantos años ambas ofertas podrían lidiar con el Pleistoceno.

El regalo de Il Cavaliere

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Non ho l’eta / Gigliola Cinquetti


La prensa italiana da cuenta de cierta frase que Berlusconi dirigió hace tres días a Sarkozy durante una rueda de prensa en Roma. Anteanoche, en un programa de la televisión francesa, se leyeron los labios de Il Cavaliere. ¿Resultado? Todo un enigma. Moi je t’ai donné la tua donna”, curiosa mezcla de lenguaje ítalo-francés que el mediático presidente del Gobierno dirige en Villa Madama, interrumpiendo en la exposición a su amigable colega. Le susurra algo que sugiere que Carla Bruni fue un regalo, envuelto en celofán, que un día se posó en el balcón del Elíseo. Más o menos.

En La Repubblica se cuenta hoy el caso. Mientras Sarko detallaba los acuerdos de la cumbre franco-italiana y se refería a la homologación de diplomas superiores, Berlusconi se le acerca y como que le susurra. Qué seriedad, Dios mío. Y, como reza el diario, qué vulgaridad que mereciera el Oscar al efecto. Como cuando para referirse a Barack Obama lo adjetivó de joven, guapo y bronceado. Un muchachito recién llegado de la plantación algodonal, le faltó decir. Ahí se detiene la valoración que del presidente de la mayor potencia mundial hace don Silvio. Qué altura de miras. Qué nivel y cuánto le importa a este hombre lo que lleva entre manos y lo que deriva de cuanto de su mente pueda salir para escrutar los designios de sus respetables conciudadanos. Y es que nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis, como seguro advirtiera Montaigne.

Habitando con la muerte

Hace unos años, un espeluznante reportaje elaborado por tres periodistas de la cadena británica Channel 4, sacó a la luz el horror que habita en muchos de los 40.000 orfanatos que se calculaba entonces había en la República Popular China. En 1995 y haciéndose pasar por trabajadores sociales, los informadores pudieron entrar de lleno en lo que luego calificarían como las habitaciones de la muerte. En aquel impagable trabajo, que permitió activar conciencias al respecto, conocimos hasta dónde puede llegar la miseria humana para con los más débiles, los niños. Criaturas adocenadas en cunas, envueltas con ropajes impregnados de orines y excrementos, junto otras atadas con cuerdas a sillas en las que sólo podían balancearse, hasta desembocar otras en las resoluciones sumarias, esto es, acabar con la vida del menor cuando los alimentos o la atención médica son más bien escasos.

La política de un solo hijo por pareja impuesta en aquel inmenso país, genera episodios dantescos que deparan el aborto por imposición del segundo hijo, cuando no una inyección letal que se inocula al bebé recién nacido.

Las autoridades chinas siempre negaron estos extremos. No sólo ante la evidencia de las imágenes que en aquel valioso documento se mostraban al mundo, sino también frente a las reiteradas denuncias de las organizaciones de derechos humanos. Por eso, cuando a comienzos de 1996 se anunció la emisión del reportaje referido, la diplomacia china buscó denodadamente que el mismo no llegara finalmente a las pantallas de los televisores de Gran Bretaña. Aquello avivó conciencias y por eso se desató una correa de reacciones de gentes solidarias que desde España acudieron a salvar vidas. Anoche recordé el caso de una familia andaluza que se trajo una niña de China que además era albina, por lo que en ese país corría con todo el riesgo de ser considerada como disminuida. La cría, a la que descubrieron por una revista, llevaba en su faz el marchamo de la muerte y en el cuerpo un considerable retraso en su desarrollo por haber permanecido atada durante bastante tiempo. Ahora por suerte sabemos que de aquel horror repulsivo la rescató un día inesperado el corazón de unos padres adoptivos que hoy se desviven por ella.

El ‘justiciero’ de Lazkao

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En la tele, el entrevistador le confesaba a la víctima que le costaba entender que éstas no se tomaran nunca la justicia por su mano. Ella, porque era ella y no él, le respondía que en su casa jamás le enseñaron eso, aunque a veces los políticos no fueran tan justos y, quizá, los jueces tampoco.

Veo varias veces el vídeo del vecino de Lazkao que, maza en mano, la emprendió ayer contra la herriko taberna de esa localidad.  Me han reventado la casa, repite varias veces aludiendo a los explosivos colocados en la vecina Casa del Pueblo socialista, tras ser detenido por agentes de la Ertzaintza. Alguien, que observa la escena desde la trasera, se refugia en la impunidad del mundo de los matones. Es un exponente más del drama diario en esa tierra. El individuo se interesa, primero, por si llevarán al detenido a la Audiencia y, luego, cuando se marchan, espeta entre dientes el pronóstico chulesco de que le caerán ocho años, por lo menos.

Es discutible que alguien la emprenda a mazazos contra el inmueble de quienes cree que le han destrozado su casa. Si el ojo por ojo y el diente por diente se hubieran instalado en las calles del País Vasco, éste no sería lo que es aún y sí un escenario más próximo al que se dibuja en la Franja de Gaza. Que el circunstancial asaltante utilizara ese instrumento de albañilería es, cuanto menos, un mal menor frente a otras opciones que, con la tensión acumulada y el hartazgo en sus venas, pudo barajar. Y es que, aseguran, a esa hora quedaba gente dentro de local.

Declara el detenido a los agentes que nunca había hecho una cosa igual y que lo siente, sobre todo, por sus padres. Allí, en aquel pueblo de Guipúzcoa como en tantos otros de Euskadi, se veta el derecho al anonimato. En el vídeo, que alguien graba para patentizarlo en crudo testimonio visual, no se oculta el rostro del hombre que se está tomando la justicia por su mano. Y que lo hace a mazazos, que no a balazos. Contrasta el hecho con que los agentes policiales se cubran el rostro, como de costumbre.

No habían pasado muchas horas desde que esto sucediera para que en las calles de Lazkao luciera la decoración de los clientes habituales del local asaltado por el desquiciamiento de un ser abrasado. Escriben en pancartas su nombre y su primer apellido, lo llaman fascista e, imagino, le juran venganza. No hagas lo que nosotros hacemos; no practiques el juego del que nosotros somos maestros; no, por ahí no pasamos, vienen a amenazarle. A saber lo que le espera a este hijo de un ex concejal socialista, para más inri. Por lo pronto, abandonar su tierra y, luego, quién sabe, buscarse protección. En Internet, alguien ha abierto un blog donde figura el número de una cuenta corriente para ayudar al que llaman ya el justiciero de Lazkao. Al tiempo, leía esta mañana un escueto titular en un digital: Vuelta a la normalidad en Lazkao. Y me pregunto, ¿pero alguna vez existió eso por aquellos lares?

Euskadi, el trazo final

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Quizá, sin ánimo de resultar pretencioso, el trazo final que le falte a la democracia en España –no diré a la que creo superada Transición– sea que en el País Vasco haya un lehendakari no nacionalista. Conviene tener muy presente que ello no ha ocurrido desde que la Guerra Civil suspendiese el Estatuto vasco, vigente en la Segunda República, ni tras la aprobación de la Constitución del 78 cuando comenzó a edificarse el denominado Estado de las Autonomías. José Antonio Aguirre, Jesús María de Leizaola (en el exilio), Carlos Garaikoetxea, José Antonio Ardanza y Juan José Ibarretxe, ocuparon tan alta representación. Y es que los vascos, en su devenir autonómico, siempre han ido ligados a alguien que regía su destino desde el Palacio de Ajuria Enea con la omnipresente vitola peneuvista, si exceptuamos el breve paréntesis que abrió el histórico socialista Ramón Rubial cuando entre 1978 y 1979 presidió el entonces llamado Consejo General.

Como ya ocurriera en Catalunya, la otra gran nacionalidad histórica, el nacionalismo encarnado primero por ese estadista que fue Josep Tarradellas y luego por Jordi Pujol, halló en las urnas un relevó normalizado al frente de la Generalitat, con la llegada en 2003 de un presidente socialista, Pasqual Maragall, a quien sucedió otro del mismo origen partidario, José Montilla.

Las elecciones del próximo domingo en Euskadi constituirán una oportunidad única para saldar ese déficit que arrastra desde tiempo atrás la sociedad vasca. Con la experiencia de anteriores citas electorales, la responsabilidad de las fuerzas no nacionalistas (PSE-PSOE y PP) debe primar sobre cualquier otro interés. Que el lunes los ciudadanos vascos estrenen un lehendakari con  apellido común de origen castellano y no necesariamente de raíz euskalduna, será un signo más de la normalidad democrática que debe regir este país. Nadie debería, por tanto, hacer excesivos aspavientos al considerar que, con ello, levantara la veda en lo que hasta ahora fue coto privado nacionalista. Ni azuzar brasas para llamar la atención de cuantos velan conciencias, siempre tan vigilantes y al acecho. Y fundamentalmente para que, ahora que estamos en carnaval, muchos se despojen de sus caretas y de la patente de corso que detentaron durante años, cuando parecía que algo cambiaba para que todo siguiera siendo igual en esa hermosa tierra, tan verde, tan robusta, tan radiante.

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