Una boda del ‘Cuéntame’
por Manuel Segura Verdú
Contadas veces en la vida uno asistirá a acontecimientos como al que yo asistí ayer. Y es que concitar en un templo católico referencias diversas a Benedicto XVI, Carlos Marx y Lenin se hace cuanto menos complicado.
Verán: ayer se casó un buen amigo mío desde la pretérita hora de la infancia. Mi amigo Joaquín es abogado laboralista y también comunista, aún a pesar de que hoy no sea muy políticamente correcto defender las bondades de la extinta Unión Soviética o de la revolución cubana. Cuando hace meses me llamó para anunciármelo me advirtió que se casaría por la Iglesia, algo que ya me explicaría posteriormente. Cuando vino a verme para hacerme entrega de la correspondiente invitación, mi amigo me detalló los motivos por los que había adoptado esa tan trascendental decisión en su vida: por voluntad de la novia. Nadie desde entonces, que yo sepa, ha cuestionado la integridad ideológica de mi amigo por una determinación que pudiera sonar a traición respecto a sus convicciones.
Ayer, por fin, se celebró la boda. La verdad es que fue una ceremonia trufada de un mezcla extraña de cristianismo y marxismo: el novio lucía en la solapa una medalla que le impusieron en la URSS cuando viajó en una delegación del PCE; un cura, el oficiante, procedente de un barrio deprimido; la lectura desde el púlpito de una carta del actual secretario general del PCE, Paco Frutos, interpretada por alguien que hizo una encendida defensa de la argumentación ideológica del novio; otra intervención intercalada del coordinador regional de IU; unas entrañables palabras finales del contrayente, no exentas de su probado sentido del humor (“Muchos me habéis preguntado, qué hace un chico como tú en un sitio como éste…”) y como colofón, un documento que acreditaba la bendición apostólica del Papa, llegado desde el Vaticano por mediación de uno de los invitados.
A la boda asistieron amigos del más amplio espectro ideológico y profesional: políticos populares, socialistas, comunistas, sindicalistas, juristas, periodistas… Cuando acabó la ceremonia, a las puertas de la iglesia, los novios recibieron sobre sus cabezas el tradicional arroz así como los pétalos de flores. Antes, alguien, con gesto clandestino, repartía entre algunos invitados cuartillas con unos versos. Pensé en un primer momento que le recitarían algo al matrimonio recién inaugurado. De Alberti, quizás. Pero, ¡qué va! Todo fue acabarse el arroz y los pétalos cuando comenzaron a entornar el “Arriba, parias de la Tierra, en pie famélica legión…”. Era La Internacional, sonando puño en alto a las puertas de una iglesia católica en pleno siglo XXI. Fue entonces cuando Lola se me acercó al oído y, en tono quedo, me dijo aquello de: “¿Te has fijado? Parece una boda del ‘Cuéntame’”.

La narración del evento, maravillosa, he creído estar presente en el acto mientras leía la crónica de una boda anunciada, pero imprevisible el desarrollo de dicha boda, pues es difícil imaginar tanta mezcolanza de extravagancias y buenas voluntades.
Creo que Lola tenía razón con su comentario.
Aunque soy de la opinión de que una pareja tiene que tener equilibrio por ambas partes y apoyo mutuo, también soy de la opinión de que los ideales son los ideales, y eso es personal e intransferible.
¡Viva los novios!
Buena crónica.