Weblog de Manuel Segura

LA VIROLA HERMENÉUTICA

Mes: septiembre, 2008

Un lamento elegíaco

 

Que esta Murcia mía y nuestra es tierra abonada de escritores, a nadie escapa a estas alturas. Y algunos, de los buenos. Vaya que sí lo son. Ya glosé a alguno que otro en otras latitudes, aunque sean desde años atrás de los que consideraron imprescindibles y que ahora pueblan los cementerios.

Hoy me asalta alguien que hace más de 30 años se alzó con el prestigio del Adonais (1977) por un bello poemario que tituló, lejos de cualquier otra ambición, Maneras de estar solo. Allí esculpió versos tan certeros como éste: ”Tu destino es buscar lo que se esconde / tras la espesa corteza de los días”.

Eloy Sánchez Rosillo, pisando la sesentena, aún imparte su docto saber en las aulas universitarias, lo que nunca fue óbice para seguir creando. Llega ahora Oír la luz, una suerte de textos de infancia y maternidad perdidas, entre otras muchas cosas.

En 2005, Sánchez Rosillo obtuvo merecidamente el premio nacional de la Crítica por La certeza.

Diario de un prodigio (XXXVIII)

 

 

El viernes asistí a una cena en la que se encontraba el comisario europeo de Economía, Joaquín Almunia, para quien el denominado plan Bush que pretende salvar la maltrecha economía de la crisis que la acosa, es “una idea positiva, que una vez que se ponga en practica debe ayudar a que se serenen los mercados financieros y a que se ponga fin a las incertidumbres que están creando tensiones muy nocivas para todos”. Recuérdese que nada menos que 700.000 millones de dólares son los que engrosarán en las arcas estatales de EEUU para sanear sus flaqueadas entidades financieras.

La otra noche reparé en que yo conocí a Almunia en 1986 –hace ya 22 años– cuando le seguí por tierras murcianas en varios actos de apoyo al en el referéndum de la OTAN. Era aquel Almunia un todavía joven ministro de Trabajo de un Gobierno que presidía Felipe González, quien tuvo que desdecirse a través de esa consulta de su intención inicial anti-atlantista. Los miembros de aquel Ejecutivo, como era el caso de Almunia, echaron el resto entonces para conseguir sacar adelante aquel reto frente al que los socialistas, años atrás, habían alegado su famoso eslogan OTAN: de entrada, no. Luego los designios de la política llevaron a Joaquín Almunia a ser secretario general del partido –tras la marcha de González y pese a ser derrotado en primarias por un entusiasta Josep Borrell– y llegó a enfrentarse a José María Aznar en las generales de 2000, siendo derrotado ampliamente tras lo que dimitió ipso facto.

Vasco, de Bilbao, ostenta la comisaría de Economía desde abril de 2004. Recordaba la otra noche con cierta nostalgia –más por cuestiones personales que entonces acontecieron que por las estrictamente profesionales– cuando le seguí en mi Seat-133 y le entrevisté hace más de dos décadas, entre Lorca y Águilas, mientras hacía campaña por el a la entrada de España en la Alianza Atlántica. Él tenía 38 años, era ministro de Trabajo y Seguridad Social, y yo apenas un aprendiz de periodista, con 23 insultantes años y unas ganas locas de comerme el mundo. Quién lo diría.

Un ángel en Donostia

 


Secret love – Bee Gees


 

A Meryl Streep, a la que hoy entregan el premio Donostia en el festival de cine de San Sebastián, la conozco casi toda mi vida. Ya no sabría decir en qué película la descubrí. Quizá en La mujer del teniente francés (1981), en Silkwood (1983) o en La decisión de Sophie (1982), película esta última por la que obtuvo el primero de los dos Oscar que atesora. Pero antes ya había protagonizado dos fabulosos trabajos para la gran pantalla junto a sendos monstruos de la interpretación masculina: El cazador (1978), con Robert de Niro y Kramer contra Kramer (1979), junto a Dustin Hoffman. Y en 1985 rodaría junto a otro grande, Robert Redford, la inolvidable Memorias de África, para una década después hacerlo con Clint Eastwood en la deliciosa Los puentes de Madison (1995).

 

Es Meryl Strepp una mujer cuyo principal atractivo reside en su naturalidad. Sin ser de una gran belleza facial, mantiene un rostro sumamente agradable al tacto de la mirada. De profundas convicciones, nunca ha hecho compartimentos-estanco entre trabajo y familia. Es más: ha sabido compatibilizar ambas disciplinas por lo que no le ha importado volar o viajar por carreteras para, tras una dura jornada de rodaje, volver junto a los suyos. A mí siempre me encantó como pareja cinematográfica del gran De Niro. No sólo en El cazador, antes mencionada y que yo vi en cine, paradójicamente, durante mi servicio militar, sino también en una más intrascendente Enamorarse (1984).

 

El año próximo cumplirá los 60. Este 2008 nos trajo a las pantallas la versión cinematográfica del musical Mamma mía!, inspirado en el grupo sueco Abba. Por esa cinta sospecho que no la nominarán al Oscar por esta vez. Es igual. Su bagaje artístico es más que amplio. Su sonrisa casi angelical y su sola presencia en la pantalla son toda una garantía de que ahí hay una gran actriz de talento.

Diario de un prodigio (XXXVII)

 

Cuando en aquellos veranos ni barruntábamos los negros nubarrones que sobre nuestro destino se cernírían, acudíamos a aquel restaurante playero, a la vera misma de esa laguna tan salada que aún sobrevive milagrosamente al efecto humano, y nos encaramábamos al escenario para entonar canciones como La mentira. Fue en su origen una bella creación salida del gran maestro Álvaro Carrillo, un ingeniero agrónomo mexicano que dejó su profesión por la música y que pariera tantas otras excelentes composiciones para deleite de los seres sensibles y cuya existencia se truncó en un terrible accidente de tráfico, junto a su esposa y su chófer. La tituló realmente Se te olvida, pero el subtítulo de La mentira dejaría su impronta para la posteridad. Muchos la han cantado, pero quizá otro compatriota suyo, Javier Solís, fue quien la entonó como pocos.

En la vida, jamás imaginamos que nuestro discurrir estaría marcado por canciones, o más bien por algunas de sus intrincadas letras, que nosotros interpretábamos para regusto de nuestros incondicionales en aquellas veladas que se prolongaban casi hasta el amanecer y que nunca más volverán.

Una de romanos

 

Hace 20 años, en una de las zonas más degradadas de aquella vieja y milenaria ciudad portuaria, hallaron un teatro sumergido. Quién le iba a decir a los usuarios de aquellos lupanares que, a su vera, se hallaría una joya arquitectónica datada entre los años 5 y 1 antes de Cristo.

Anoche –como se puede apreciar en el breve vídeo que grabé– un grupo de compañeros de la profesión fuimos invitados a visitar el Teatro Romano de Cartagena y su museo, donde el arquitecto navarro Rafael Moneo ha dirigido un ambicioso proyecto integral de restauración. Cuando durante el recorrido le pregunté a uno de los miembros de la Fundación cuánto llevaban gastado en ello, me confesó sotto voce: “Ni se sabe. Esto es un pozo sin fondo”.

Fue una noche sumamente agradable, que acabó con una cena fría en la terraza del Club Marítimo, felizmente restaurado tras un incendio que lo devastó por completo hace unos años.

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