Diario de un prodigio (XXXIII)

 
La otra tarde acompañamos a mi hija a una autoescuela donde espera obtener el carnet de conducir. Creo que yo no pisaba una de estas instalaciones desde que, allá por el año 1981, obtuve mi licencia, más que nada por la insistencia de mi madre. A mí, conducir –y eso lo saben muy bien mis [...]