Weblog de Manuel Segura

LA VIROLA HERMENÉUTICA

Mes: septiembre, 2007

Te lo agradezco, pero no

 

Ocurrió hace ya algunos años. El periodista preguntó como de sopetón y de pronto al gran Raphael: Y maestro, ¿quién crees tú que será, en un futuro próximo, el cantante español de mayor proyección y trayectoria? El genio de Linares no lo dudó ni por un solo momento: Alejandro Sanz. Anoche recalaba su gira en la plaza de toros de Murcia, donde hace escasos días el espíritu de Manolete paseaba su garbo torero por el albero, reencarnado en la figura de un diestro que responde al nombre de José Tomás y que lidia más con el corazón que con la espartana muleta.

 

Los números no engañan pero poco nos dicen si no hay tras ellos calidad que los convalide: 250.000 vatios de luz y 120.000 de sonido en un espectacular escenario cambiante. El tren de los momentos se llama todo eso. “Estoy tan seguro de estar a gusto que me revuelco en ello”, dicen que dijo una vez ante los alumnos de una universidad norteamericana. Hasta hoy ha editado una decena de trabajos de los que ha vendido más de 21 millones de copias; además atesora doscientos discos de platino, tiene un Grammy internacional y 15 latinos. Y lo que queda por llegar…

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Unas declaraciones de Alejandro Sanz sobre su último trabajo. 


Público: desde este lunes, al sol

 

Ya tiene su mérito que en un país como el nuestro, donde se lee lo que se lee, salga a la calle a día de ayer un diario de papel que, además, se autotitula sin sonrojo alguno como de izquierdas. Y es que Público acudía a los quioscos nacionales en dura competencia con los trasatlánticos de la comunicación cuyos consejos de administración y editores, a excepción posiblemente del reverenciado El País, viran más a la diestra que a la siniestra. Su joven director es ya toda una apuesta arriesgada: con una juventud insultante, 31 años, Ignacio Escolar se pone al frente de un equipo tan ambicioso como ilusionado. No es para menos. Recuerda en sus ademanes a aquel barbado Juan Luis Cebrián que, sentado sobre una mesa de redacción, nos vendía la ilusionante salida de su periódico en los albores de la transición desde una televisión todavía del blanco y negro.

Público apuesta por las fotografías y por un diseño radicalmente moderno. Se lee fácil en un terruño donde la lectura sigue siendo una de nuestras marías. Lo compré ayer, ya por la tarde, en un quiosco de mi pueblo donde aún quedaban dos ejemplares. Por medio euro me dieron el diario y el DVD de una película, Los lunes al sol, título emblemático de nuestro cine más reciente. Y toda una declaración de intenciones, quizá subliminal, para un medio de comunicación escrito, que nace al amparo de un emporio mediático, dispuesto a abrirse paso en ese siempre duro y competitivo mercado y con la etiqueta y la sana intención de ser la voz de la izquierda en este país asaeteado por editores de rancio abolengo.

Una bocanada de aire fresco

 “Lo que las ideologías dividen al hombre, el amor con sus hilos los une en su nombre… Qué sabían Lenin y Lincoln del amor… Qué saben Fidel y Clinton del amor”

En San Sebastián, ciudad a la que ha llegado para presidir el jurado de la sección oficial de su festival de cine, Paul Auster ha dicho que los hombres somos muy buenos inventándonos mujeres. Ése, al menos, es el titular que ofrece hoy la prensa. Luego, leyendo la información, reparo en lo que Auster detalla: que “en eso de crear mujeres los hombres somos muy buenos. Y ése es uno de los puntos negativos de la masculinidad. Claro que, al mismo tiempo, mantiene el deseo. Es muy complejo”, concluye el autor de la película La vida interior de Martin Frost.

En mi lectura matutina de los diarios recalo en otro titular, también atribuido al creador de La trilogía de Nueva York: dice que el arte es como el sexo, [ya que] para disfrutar hay que relajarse. Auster confiesa que la frase no es enteramente suya, sino de su mujer, pero que se la ha apropiado porque le gusta bastante. Y es que en eso, como en otras tantas muchas cosas yo añadiría, ellas nos llevan la delantera. Por varios cuerpos de ventaja. 

La sordidez de la usura

 

Alquilar un escaparate en el Barrio Rojo de Ámsterdam puede costarle a una prostituta alrededor de 100 euros diarios. Ese es el precio que ha de pagar por exhibirse tras un cristal a los hipotéticos clientes. Pero no sólo son los usuarios los que contemplan  la escena. Esa zona, sórdida e incrustada en una de las partes más antiguas de la ciudad de los canales, es lugar de visita frecuente de la mayoría de los turistas que recalan por la capital holandesa. Yo confieso que estuve allí una tarde lluviosa de hace unos veinte años. Para guarecerme del agua, me compré un paraguas como única transacción monetaria en la mentada barriada, poblada de burdeles por doquier. Una de las escenas que más me impactó fue, al pasar por delante de uno de aquellos escaparates, observar a una mujer, ya mayor ella, y que sin duda tuvo sus momentos de esplendor tiempo atrás, sentada sobre un taburete y con la mirada fija al infinito, no sé si perdida, pero distante, muy distante. Eso al menos me pareció. Creo que en aquellos ojos se reflejaba lo que esa mujer sentía estando allí, expuesta como una Gioconda de carne y hueso y a lo peor, también, barruntando el balance que pudiera arrojar su longeva existencia.

Leo que el alcalde de Ámsterdam pretende reducir los establecimientos del Barrio Rojo porque los compradores inmobiliarios, dice, ofertan hasta 25 millones de euros por algunos locales del distrito. En sus argumentaciones a una agencia de noticias, el edil añade que el negocio estaba implicado en la explotación y el tráfico de mujeres, aparte de otras clases de actividad criminal”. A buenas horas, mangas verdes, señoría. 

La angustia de vivir

 

Si alguna vez existió una actriz que mereció ser princesa, esa fue Grace Kelly. Ahora, cuando se ha cumplido un cuarto de siglo de su trágica desaparición, todos la recordamos como el icono incombustible que se nos fue. Nacida en el seno de una acaudalada familia de origen irlandés y, por lo tanto, católica, Grace tuvo que luchar denodadamente contra la negativa paterna a emprender carrera en el denominado séptimo arte. Pero su belleza le serviría de trampolín para alcanzar sus anheladas ambiciones que le reportarían debutar en un teatro de Broadway a los veinte años de edad. Luego vendría la televisión y, finalmente, el cine. Con La angustia de vivir, que rodó junto a Bing Crosby, alcanzaría el Oscar. Solo ante el peligro, protagonizada por Gary Cooper; Mogambo, con Clarke Gable; y luego el gran Hitchcock y Cary Grant y James Stewart y Ray Milland y William Holden y Alec Guinness. Algunos de ellos, sonados romances de época hasta que el cuento de hadas se cumplió. Conoció y se casó con el príncipe de Mónaco y fue mucho más que su consorte. Quizá la descendencia que con Rainiero tuvo no resultó todo lo afortunada que ella mereciera. Extraño y oscuro fue cuanto rodeó al accidente de tráfico que le costó la vida mientras viajaba acompañada de su hija pequeña, sin duda la más extravagante de la prole. Tenía entonces Grace Kelly 52 años, conservaba, aun en la madurez, la belleza con la que encandiló al mundo y una serenidad que aún reflejaba su rostro cuando fue amortajada y expuesta en el ataúd que la condujo al paraíso.

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