
Valoración de John F. Kennedy (1963)
Miguel Espinosa (1926-1982)
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Es tradición occidental que los heterodoxos devengan normalmente producto de la conjunción de dos factores: una filosofía basada en principios generales y una simpatía instintiva hacia el futuro, es decir, hacia lo que necesariamente ha de ocurrir. Cualquier tipo de filosofía, en cuanto teoría, puede convertirse en doctrina de una personalidad de izquierdas, siempre que la razón parta de postulados constatables y concluya implacablemente, según su método, soslayando la tentación de los juicios interesados. Frente a esto, las denominadas derechas representan regularmente lo actual, los intereses, los compromisos. Mas, como dijo Lucrecio, y tantos han repetido, la Fatalidad conduce a quien la quiere y arrastra a quien no la quiere.
Para poder actuar como una individualidad de izquierdas sin abandonar la Weltanschauung norteamericana, Kennedy hubo de volver forzosamente a la Democracia de Jefferson, es decir, a la filosofía, en cuyo origen no hay corrupción, porque es puro pensamiento. Igual tendría que hacer el cristiano que pretendiera cabalgar junto al futuro: retornar a la consideración de los principios. Pero el intento de Kennedy demostró la verdad de esta aparente paradoja: que tornar a los fundadores de cualquier doctrina, y a sus escuetos postulados, resulta heterodoxo.
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