Tragedia en la ensenada

 

En la imponente ensenada de Orzán, los cormoranes planean buscando el ansiado manjar, zambulléndose en las aguas bravías. Mas si el temporal es de cuidado, serán los falaropos los que tomen el relevo. En ese idílico rescoldo de la playa coruñesa, la tragedia se ha cernido sobre tres ángeles de la guarda que, impregnados de un valor que no se les supone sino que es manifiesto, se lanzaron al mar para rescatar a un muchacho que, quizá por los efluvios etílicos, quiso emular al dios Neptuno.

En esta vida, por poder ser,  se puede ser policía para instalarse tras una mesa y despachar impresos como un carnicero nos trocea un bistec. Y se puede ser policía –y también chacinero– impregnado en el amor a un trabajo en el que, en ocasiones, hasta te puede ir la vida. El jefe de estos tres agentes que se lanzaron a la búsqueda del náufrago decía con palabras entrecortadas que, cumpliendo con su deber, fueron a auxiliar a alguien que ni siquiera conocían. Y ahí, precisamente, estriba parte de la inmensa grandeza del gesto de unos hombres capaces de jugarse su físico por salvar a un desconocido, que no por serlo merecería menos atención.

Las Fuerzas de Seguridad del Estado son el garante de que los ciudadanos como usted y como yo podamos vivir en paz en una sociedad de Derecho. Y no siempre esa sociedad les reconoce su ingente tarea, a veces ingrata y descorazonadora. Por eso, es lamentable que tengan que ocurrir cosas como esta para poner en valor el arrojo de unos trabajadores, muchas veces no suficientemente gratificados, a los que todos debemos respeto y admiración.

Por eso hoy, al escuchar en la radio su trágica heroicidad, me vino a la mente aquella imagen gráfica de un guardia civil que, en las inundaciones del País Vasco de agosto de 1983, cargaba sobre sus hombros a una paisana del lugar en plena evacuación. En esos días, cuando se llegaron a registrar precipitaciones de hasta 600 litros por metro cuadrado, cuatro agentes de la Benemérita perderían la vida en la localidad alavesa de Llodio cuando procedían al rescate de tres ciudadanos y su vehículo se vio alcanzado por una tromba de agua. En total, más de medio centenar de víctimas se cobraría aquel desaforado ataque de furia de la naturaleza. Se dijo entonces, quizá de forma un tanto cándida y al calor solidario interterritorial, que posiblemente gestos como esos ayudarían a solucionar el problema terrorista. Y ya se vio lo que de adivinos tenían tales profetas. Por eso, cuando alguna vez he podido discrepar con alguno de sus procederes, me he retrotraído a aquellas imágenes y me he cuestionado si cualquiera de nosotros actuaríamos con esa generosidad y ese desinterés en lo personal, llegado el caso.

Dejar un comentario

Archivado bajo Virolas

Aquella rueda de corresponsales

Recuerdo una noche entrañable, en una cafetería que hoy ya es historia, escuchar contar a alguien los entresijos de la rueda de corresponsales que Victoriano Fernández Asís coordinaba desde Prado del Rey para Radio Nacional de España. Confieso que pasé uno de los momentos más gratos de mi vida oyendo a aquel extrabajador de Telefónica, confidente desde la mesa central que los conectaba, relatar las conversaciones previas que el veterano periodista mantenía con jóvenes profesionales como Jesús Hermida, Pedro Wender, José Antonio Plaza o Cirilo Rodríguez.

Refiero esto al cumplir la radio pública 75 años de vida en nuestro país. Y lo cuento porque ya entonces –hablo quizá de hace unas tres décadas–, uno soñaba con trabajar algún día en ella. Y aquel sueño se cumplió. Confieso que si a un medio debo mi bagaje profesional es a la radio y, especialmente, a RNE donde pasé, posiblemente, los mejores años de mi vida laboral. Allí ocupé diversas responsabilidades y conocí a enormes profesionales de los que aprendí cuanto sé y de los que aun hoy me vanaglorio de conservar su amistad.

La radio creció conmigo –o yo con ella– y me enseñó a ser mejor persona. También a vislumbrar las cosas desde otro prisma; a interpretar que todo no es blanco o negro y que existen los tonos grises. Y los claroscuros. Me enseñó a ser más tolerante y respetuoso. A vivir en una sociedad en la que se defiendan los derechos y deberes de todos y cada uno de sus ciudadanos. Tras el 23-F, a valorar lo que es vivir en libertad. Y a ver la muerte de cerca, en primera persona, como cuando tuve que cubrir informativamente hechos luctuosos.

RNE ha sido la escuela de tanta gente, la auténtica cantera del radiofonismo como en el plano privado lo ha sido la Cadena Ser. Sigo levantándome cada mañana y, mientras me afeito, escucho con devoción sus informativos, en los que me formé. No sé si lo hago por aquello que se llama deformación profesional. Lo que sí me viene a la mente es que, a esas horas, cuando despunta el alba, mi padre hacía lo mismo. Y hoy, que ya no está, quizá sea mi peculiar forma de agradecerle que me instruyera en eso como en tantas otras cosas en esta vida.

Dejar un comentario

Archivado bajo Virolas

Las piernas más largas de Francia

Coincidiendo con las citas electorales en Francia, y últimamente en especial cuando de renovar la presidencia de la República se trata, el Frente Nacional (FN) fundado por Jean-Marie Le Pen recobra bríos. Una encuesta hecha pública esta semana por el prestigioso diario Le Monde alerta sobre que más de un tercio de los electores de ese país ven con buenos ojos los postulados que defiende esa formación de extrema derecha. El trabajo de TNS Sofres añade además que un elevado porcentaje de los consultados no duda de que el FN será el que dispute la segunda vuelta de las presidenciales. Y lo más probable es que sea ante el candidato socialista. No se olvide que el viejo Le Pen ya lo hizo con Jacques Chirac en 2002, y la propia izquierda tuvo entonces que pararlo votando al neogaullista.

Sin embargo, la que emerge ahora es la figura de su hija Marine, heredera del trono paterno. Cuentan que ella ha sabido limar las asperezas con las que el veterano dirigente sembró la imagen del FN, y ello se ve corroborado en la propia encuesta en la que sus responsables detectan cómo está calando la marca entre el electorado, que ya no la rechaza tanto como ocurría antaño: en un año, el porcentaje de quienes veían un peligro en el FN ha descendido en 10 puntos. Es evidente que a ello ha ayudado que Marine Le Pen haya suavizado los recios postulados de su antecesor a base de decir a muchos lo que estos querían oír. Volver al franco y abandonar el euro, parar la inmigración o nacionalizar la banca ante la crisis son algunos de los estandartes que defiende la candidata Le Pen. Así, la extrema derecha francesa alcanza el 21,5% en intención de voto cuando faltan menos de 100 días para que los electores acudan a las urnas dispuestos a votar, en primera vuelta, sobre quién presidirá la República. El FN pisa los talones literalmente al actual presidente, Nicolas Sarkozy, que solo llega al 23,5%, en tanto el candidato socialista François Hollande alcanza el 27%. Hay un dato especialmente llamativo: en un año, la adhesión al proyecto del FN entre los menores de 35 años ha crecido nada menos que 17 puntos. Y los obreros y las zonas rurales son su principal caladero electoral.

En una entrevista reciente, Marine Le Pen advirtió a Sarkozy de que tenía las piernas más largas que él, y aunque hay quien asegura mayoritariamente que el FN está aún lejos de llegar al poder, lo que sí es evidente es que, ante el desgaste del todavía presidente, no sería descartable que la extrema derecha pasara a disputar la segunda vuelta, alcanzara un porcentaje de voto elevado y la dirigente del FN  se entronizara como líder de la oposición al gobierno socialista. Todo está por ver.

 

Dejar un comentario

Archivado bajo Virolas

Lo que ellas esperan

Stephen Hawking acaba de cumplir 70 años. El científico británico vive asido a una silla de ruedas desde los 21, cuando le detectaron una enfermedad neuronal. Sin embargo, ello no ha sido óbice para que su mente funcione como un reloj suizo. Hawking es hoy, sin duda, una de las más firmes autoridades en el mundo de la física.

En una entrevista concedida a la revista New Scientist, el científico habla de las mujeres. Las ha definido como ‘un completo misterio’ y ha reconocido que ellas ocupan la mayor parte de sus pensamientos. Lo dice alguien que, a lo largo de su vida y aún a pesar de sus limitaciones, se ha casado dos veces y divorciado otras tantas.

Estas manifestaciones de Hawking dan pie a hablar del tema. La concepción que de las relaciones humanas tienen las mujeres respecto a los hombres, dista bastante. Se aduce que unas y otros tenemos necesidades emocionales distintas. Cuando mantienes  conversaciones al respecto, vislumbras que, en el fondo, casi todas buscan lo mismo. Y eso que persiguen no suele corresponder, las más de las veces, con algo material sino, más bien, con algo que calificaríamos de sensitivo.

Uno siempre ha pensado que la mente femenina es bastante más compleja que la masculina. Al menos, en determinadas parcelas. En cuestión de relaciones afectivas, por ejemplo. Una mujer es capaz de trazar una línea que marcará el antes y el después en una relación. Al hombre, por su lado, le resultará eso mucho más complicado. Un cuestionado estudio reciente reitera un viejo aserto: que la mujer busca, ante todo, la seguridad en el hombre. A eso habría que añadir un casi permanente factor sorpresa y un probado sentido del humor.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos sostiene que la felicidad siempre ha sido más difícil para las mujeres. Y añade que los miedos, el odio y la envidia son los principales enemigos en esa búsqueda. A la mujer, dicen otros, le mueve más la emoción que la razón. Sin embargo, su mente es capaz de planificar y ver más allá de lo inmediato. Por el contrario, el hombre se desenvuelve mejor en el aquí y ahora. Una vez leí un curioso razonamiento que alguien ofrecía para diferenciar conceptos: un hombre ve un árbol y no es capaz de apreciar la belleza de un bosque, mientras una mujer se adentra en el bosque olvidando los árboles.

Es posible que las necesidades esenciales en esta cuestión por parte de las mujeres sean mucho más sencillas de lo que los hombres creemos. Y es probable que nosotros seamos en su mayor parte los culpables por no saber acertar en ese aspecto. Por eso Hawking habla, en ese sentido, de un completo misterio. Quizá tanto como la expansión del universo, los agujeros negros o la teoría de la relatividad, a los que ha consagrado su existencia. E incluso más aún, diría yo.

Dejar un comentario

Archivado bajo Virolas

Historia de Clair

La sonrisa de un niño es algo de lo más grande que nos pueda brindar la naturaleza. Los que somos padres, tenemos la conciencia de lo que supone verlos enfermos o tan solo taciturnos. Uno no elige su familia de origen, pues es el destino el que ahí te sitúa. Sin embargo, los hijos son –o, al menos, deberían de ser– una opción personal en la vida. Verlos crecer y volar es cuanto ansiamos sus progenitores. Con todo, no siempre son nuestros propios hijos los que nos transmiten determinadas sensaciones. La niñez es ese tiempo en todo ser humano en el que el mundo está por descubrir. Decía Oscar Wilde que los niños comienzan amando a sus padres, que cuando ya han crecido los juzgan y que, hasta en ocasiones, los perdonan. Los mayores cometemos errores mayúsculos vistos a los ojos de la infancia. Quizá por eso compartamos la frase de otra novelista británica, que se hacía llamar George Eliot, quien sentenciara que los niños son aún el símbolo del matrimonio eterno entre el amor y el deber.

Hay canciones que encierran historias tan hermosas como simples nos resultan. Un día, el productor musical Gordon Mills pidió a su amigo Gilbert O’Sullivan que cuidara de su pequeña Clair porque él y su mujer pensaban salir a cenar fuera de casa. O’Sullivan, que ya era un cantante reconocido, aceptó quedarse con la niña de apenas tres años de edad. Hicieron los deberes, jugaron y rieron. Luego la pequeña, vencida por el sueño, quiso acostarse. Al rato, llamó a su cuidador para que le diera un vaso de agua. Él se lo subió a su dormitorio, ella sació su sed, y siguió durmiendo. Tras arroparla y contemplar su plácido rostro, el propio O’Sullivan confesó que sintió un impulso irrefrenable de bajar al salón, sentarse al piano de los Mills y componer una de las canciones más bonitas que uno pueda escuchar. La guinda de la misma son los segundos finales de la grabación, donde el cantante quiso que se escuchara la risa contagiosa de una feliz Clair. Porque lo más sorprendente de la infancia, como dijo Chesterton, es que cualquier cosa en ella es una maravilla.

1 comentario

Archivado bajo Virolas